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Vladimir Putin acrecienta la persecución contra los escritores rusos e intensifica la censura del régimen
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Vladimir Putin no solo ve como enemigos a Ucrania y a sus aliados de Occidente desde febrero del 2022, cuando ordenó la invasión de su vecino y se enfrascó en un conflicto bélico que sigue cobrando vidas y causando destrucción. Dentro del país también le ha puesto la puntería a numerosos intelectuales, activistas, artistas y periodistas desde mucho antes de la guerra con Ucrania.
Los que han corrido con más suerte han enfrentado acoso, persecución, cárcel o exilio. Otros varios, por desgracia, hasta perdieron la vida en circunstancias extrañas.
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A comienzos del año pasado la ONG Memorial estimaba en casi 1.400 el número de presos políticos en Rusia, casi todos acusados de “apología del nazismo”, “terrorismo” o “difamación del Ejército, y cumpliendo penas de varios años de prisión por criticar la guerra en curso. Tal cifra, según organizaciones extranjeras, se ha incrementado hoy.
“Todo puede comenzar con ‘trolls’ en internet y terminar en verdaderos y extenuantes proceso judiciales, los intelectuales estamos directamente amenazados”, lamentó un escritor de la autodenominada “clase creativa antiPutin” que continúa viviendo en Rusia y que, por tanto, debe mantener en resguardo su identidad.
Esta semana la pesada maquinaria del Kremlin se ha abatido sobre una reconocida figura de la literatura rusa
Antes del comienzo de la guerra en Ucrania, Boris Akunin -cuyo verdadero nombre es Grigori Chjartishvili- era el escritor más leído en Rusia, a pesar de que desde el 2014 -cuando Vladimir Putin ordenó la anexión de la península ucraniana de Crimea- ya se había exiliado en Londres (Inglaterra). A inicios del 2024 un tribunal ordenó su arresto en ausencia y este lunes 14 un tribunal del segundo distrito militar le dio una sentencia de 14 años de prisión “por justificar el terrorismo y contribuir a sus actividades e incumplir sus obligaciones de información como agente extranjero”.
Akunin es uno de los cerca de mil “agentes extranjeros” -etiqueta que el Kremlin coloca a sus opositores- en la mira del gobierno. La lista está llena de poetas y novelistas. Otro es Dmitri Bykov, a quien las autoridades acaban de declarar en busca y captura por “distribuir información falsa sobre el Ejército ruso”. Bykov se puso a buen recaudo en el 2021, cuando abandonó Rusia poco después de sobrevivir a un envenenamiento que lo tuvo algunos días en coma. Las investigaciones de los portales independientes Bellingcat y The Insider acusaron al Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso de estar detrás del intento de asesinato.
Volviendo a Akunin, el 24 de febrero del 2022, dijo que la locura había ganado en referencia a la invasión de Ucrania ordenada por Putin. Y sobre el mandatario tampoco se guardó nada: “Rusia está dirigida por un dictador mentalmente desequilibrado y, peor todavía, que obedece a su paranoia”. Por esos mismos días cofundó el proyecto La Verdadera Rusia con otras personalidades de la cultura que huyeron del país. Doce meses más tarde, quien fuera declarado escritor ruso del año en el 2000 y que luego recibió premios en el extranjero, fue incluido en la lista de extremistas y terroristas.
Además de la pena de cárcel si osa volver al país (cuatro años en una cárcel común y los otros diez en una prisión de máxima seguridad), a Akunin se le ha prohibido acceder a internet y administrar cualquier página web por el lapso de cuatro años. De inmediato respondió que su próxima publicación será en el 2043, o “quizá un poco antes, justo luego de que Putin sea elegido para un séptimo mandato” y que, entonces, con 87 años “volverá en plena forma y completamente reeducado”. El líder ruso no digiere aún que lo haya llamado dictador con “ambiciones posimperialistas”.











