4:50 am sonó la alarma. La apagué aún sonámbula. A las 5:00 am volvió a sonar, pero esta vez me vibró el brazo. Mi reloj indicaba que ahora sí no podía quedarme dormida: era día de fondo y coincidía con una carrera en Lima.

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Me moví muy suave para no despertar a Picky, mi gata, que estaba durmiendo a mi costado, y me dirigí al baño pensando por qué elegí ser runner. El día anterior había sido el cumpleaños de una de mis mejores amigas. Claramente fui, pero solo me quedé 22 minutos, exactamente.

Llegué al Parque Washington a las 5:32 am, busqué mi kit y repasé mi estrategia de nutrición porque eso era lo que realmente iba a probar en esta carrera: hacer mis 20k enfocada en la alimentación y descubrir si replicaré lo mismo en la media maratón de Aruba o si debo ajustar algo.

Llevaba 600 mililitros con una tableta Hydro de SiS, un gel de electrolitos, otro con cafeína y un Beta Fuel. Eso para correr, según yo, poco más de dos horas. Mi nutricionista deportiva me dijo que llevara 800 mililitros, pero ya no tenía dónde cargar la otra botellita y decidí hacer un ajuste. Mala mía. Esos 200 ml de Hydro sí me hicieron falta.

Corrí 20 km en 1:59:02, a un ritmo de 5:57/km. No pude rematar, pero llegué sin desarmarme. Comencé quizás demasiado conservadora. Los primeros kilómetros fueron a 6.45/km cada uno. Venía de semanas de mucha carga y poca descarga por lo que no me quise exigir. De hecho, el Athlete Intelligence de Stava comentó que fue una sesión con un inicio conservador y una carrera bien ejecutada, con splits consistentes y una buena distribución del esfuerzo. 

Fue un gran fondo y qué mejor que hacerlo en una carrera 100% benéfica y que se corre al mismo tiempo en distintas partes del mundo. Sí, todos partimos a la misma hora. Eso da una sensación de acompañamiento importante y te hace sentir parte de algo grande. Durante la carrera reflexioné un montón sobre cómo el running parece un deporte solitario, pero ¿realmente lo es? Sí, entrenamos solos muchas veces. Sí, hacemos fondos hablando con nuestra propia cabeza. Pero al mismo tiempo es un deporte profundamente colectivo. Y esta carrera es probablemente una de las mejores pruebas de eso.

Wings for Life World Run es una carrera que busca recaudar fondos para la investigación de lesiones de médula espinal. La carrera ocurre en América, África, Oceanía, Asia y Europa. Es un evento único porque la línea de meta no existe: cada persona termina en un momento distinto. ¿Cómo funciona? Un carrito virtual, el Catcher Car, te persigue desde la aplicación y tu carrera acaba cuando este te atrapa. El carrito empieza a perseguirte 30 minutos después del inicio, adelantando corredores y personas en sillas de ruedas —porque esta es una carrera bastante inclusiva— uno a uno hasta que todos han sido alcanzados.

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/ Roldán Fotografías

Mientras reflexionaba sobre el poder colectivo del running, a la altura del kilómetro 6, me di cuenta que desde que partí hasta ese momento había un chico de polo azul que se había pegado a mí. Y yo, que soy absurdamente competitiva, automáticamente encontré una nueva motivación. Iba a competir con mi nuevo compañero de ruta, así sea solo en mi cabeza. Por tramos el me adelantaba, por otros, yo. Le quise preguntar cuántos kilómetros le tocaban o si estaba atento al Catcher Car, pero cuando volteé a verlo, no parecía prestarme atención, así que seguí con él hasta el kilómetro 11, donde lo dejé atrás con pena. Me hubiera gustado competir un rato más, pero estuvo bueno seguir sola después. Recordarme que parte del running también es aprender a sostenerte incluso cuando desaparece la motivación externa.

Debo admitir algo: disfruté más la carrera desde que decidí “ganarle” a mi adversario ficticio. Otra confesión que debo hacer es que yo no usé la aplicación porque mi objetivo era hacer mi fondo de 20 km, me atrapara el carrito o no. En otro momento espero correrla siguiendo las reglas.

El circuito era de 5 km: 2.5 de ida y 2.5 de vuelta, aproximadamente. Así que yo le di cuatro vueltas a todo y apenas terminé busqué dos vasos de hidratante y otros cuatro de agua. Por eso digo que realmente me faltó llevar líquido.

Casi después de tomarme todos esos vasos como si no hubiera bebido ningun tipo de líquido en semanas, revisé mis métricas y ahí estaba: menos de dos horas, a un ritmo bastante decente para mis tiempos y para no haberlo dado todo. Cada vez estoy más confiada rumbo a Aruba, pero también algo asustada por el clima. El sol allá es implacable y me preocupa cómo eso puede cambiar mi carrera. Igual confío en que todo estará bien.

Aún no corro Aruba y ya estoy pensando en mi próxima media. Quisiera correrla fuera del país y en un lugar que no conozca. Le he puesto el ojo a , que es en julio, así que crucemos dedos porque me encantaría contarles cómo fue mi experiencia allá.

Gracias por leer y por acompañarme en este loco —y sacrificado— mundo del running.

Tu runner favorita,

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