En la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) creemos que educar no es solo formar profesionales competentes, sino también ciudadanos conscientes de su bienestar físico, emocional y social. Por eso, recibir la certificación más alta como universidad saludable —nivel Platino— otorgada por la Federación Internacional del Deporte Universitario (FISU), nos llena de orgullo y reafirma nuestra visión integral de la educación.
Este reconocimiento es fruto de una filosofía institucional que promovemos con convicción desde hace más de una década: el MODO USIL. Esta forma de vivir la vida universitaria —activa, reflexiva, saludable y nutritiva— nace de una profunda preocupación por el futuro de nuestros estudiantes.
Formar profesionales globales implica también formar seres humanos saludables. Una mente brillante no florece si el cuerpo se resiente, si la salud se descuida o si el equilibrio emocional se posterga.
FISU, el organismo internacional que regula y promueve el deporte en la educación superior, reconoce como universidad saludable a aquellas instituciones que superan exigentes estándares de calidad en ámbitos como actividad física, alimentación nutritiva, sostenibilidad, inclusión, salud mental y responsabilidad social.
En ese camino, USIL ha superado 97 de los 100 estándares establecidos. Este logro posiciona a USIL como la única universidad saludable de América con nivel Platino, y coloca al Perú en el mapa de la excelencia educativa mundial.
Es una distinción que trasciende lo académico: es un llamado a repensar el rol de la universidad en la sociedad contemporánea. Porque el conocimiento, si no se traduce en calidad de vida, queda incompleto.
Lo que comenzó como un compromiso personal —impulsado desde mi formación como nutricionista y health coach— se convirtió con el tiempo en una política institucional que involucra a toda la comunidad USIL: desde el diseño arquitectónico de nuestros campus y la oferta de alimentos saludables en nuestras cafeterías, hasta los programas de deporte, salud mental y vida sostenible.
Incorporar la carrera de Medicina Humana y consolidar la Facultad de Ciencias de la Salud fue, en ese sentido, parte de ese mismo camino.
Esta certificación ratifica que no basta con enseñar teorías o dominar tecnologías. Las universidades del siglo XXI deben promover valores de autocuidado, hábitos sostenibles, conciencia social y respeto por el cuerpo y el entorno.
Un campus saludable es de alguna forma una cultura compartida. Es el resultado de decisiones consistentes que alinean el bienestar con la excelencia académica. En USIL, apostamos por una educación transformadora. Formamos líderes que no solo aspiran a generar impacto profesional, sino también a vivir vidas plenas, activas y con propósito.
Hoy celebramos este logro con humildad y con la certeza de que aún queda mucho por hacer. Ser parte del reducido grupo de universidades en el mundo que ostentan esta certificación nos desafía a seguir innovando, investigando, cuidando. También nos impulsa a inspirar a otras instituciones a sumarse a este cambio de paradigma.
En un mundo donde el estrés, el sedentarismo y las enfermedades crónicas afectan cada vez más a los jóvenes, las universidades debemos ser parte de la solución. La salud no es un extra. Es la base sobre la cual se construye todo lo demás.
Gracias a FISU por esta distinción. También a la comunidad USIL por hacer del MODO USIL una realidad viva. Y, sobre todo, a nuestros estudiantes, por recordarnos cada día que educar con propósito sí transforma vidas.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.