El cuerpo en la ciudad

“¿Qué ciudad nos espera ahora que a la ya existente privación de sentidos ha venido a sumarse el uso de mascarillas y de cuanto implemento usamos para no contagiarnos?”. Escribe Elder Cuevas-Calderón.

    Elder Cuevas-Calderón
    Por

    Semiotista, profesor e investigador de la Universidad de Lima

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    (Ilustración: Giovanni Tazza)
    (Ilustración: Giovanni Tazza)

    ¿Cuántas veces escuchó sobre el colapso de las arterias de la ciudad, sobre algún evento ocurrido en pleno corazón de un distrito, o sobre los pulmones de la capital? Aunque estas son frases inscritas en el habla cotidiana, nos dejan entrever cómo la urbe devino cuerpo a partir de los órganos que la componen. Sin embargo, las mismas ciudades han tenido problemas con el manejo de los cuerpos de las personas que las habitan. Ya sea en la arquitectura, en la planificación urbana o en la vida cotidiana, las metrópolis han preferido las obras antes que las personas; las conexiones antes que las relaciones; el flujo antes que la contemplación; y el embotamiento antes que la estimulación de los sentidos. En breve, el único cuerpo vivo dentro de una ciudad era el de la ciudad misma porque, dentro de ella, los cuerpos-humanos se habían convertido en máquinas de producción. Si bien lo expuesto, según Richard Sennett, ha sido parte del decurso de la historia de las ciudades, cabe preguntarse: ¿será esta pandemia la estocada final para eliminar a los cuerpos humanos de la ciudad?

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