Nuestro organismo se asemeja a una máquina perfecta, capaz de autoregularse para mantener el equilibrio del medio interno, a esto se le conoce en medicina como homeostasis y es una función permanente que solo se altera ante circunstancias adversas, ya sea del propio organismo o del ambiente.

Una de los mecanismos vitales para la regulación del medio interno es la de los solutos que se encuentran en la sangre, sean sodio, potasio, cloro etc. Todos ellos cumplen funciones determinantes para el metabolismo celular y por ende, para el correcto funcionamiento de órganos y tejidos.

En condiciones normales, una ingesta excesiva de sal, activa el mecanismo cerebral de la sed; para saciarla, ingerimos agua, con lo que se diluye la concentración de sodio en sangre y se fuerza la diuresis, eliminando por la vía urinaria el exceso de sal y restituyéndose así el equilibrio del medio interno.

Esto se realiza cuando la persona está consciente, puede sentir sed y se encuentra en condiciones de ingerir agua.

Pero, ¿qué pasaría si a una persona se le administrara Cloruro de sodio al 9%0 (nueve por mil), conocida también como solución salina o suero fisiológico, en la que existiera una concentración mayor de sodio, directamente por la vena y su estado de conciencia se encontrara afectado ya sea por la enfermedad o por la anestesia? El mecanismo protector que antes hemos mencionado se presentaría, pero el organismo no sería capaz de responder; es como emitir una alerta que nadie puede visualizar, porque la única persona que podría responder está imposibilitada de hacerlo.

La solución salina a la que antes nos hemos referido es inocua, es decir, no produce daño, porque la concentración de sodio es similar a la que normalmente existe en la sangre, y por eso se usa como sustituto de la sangre en casos de deshidratación severa o sangrado.

Si por alguna situación la concentración de sodio en el suero fisiológico administrado fuese mayor, se produciría un incremento en la concentración de sodio en la sangre del paciente, llevándolo a un estado denominado Hipernatremia, cuyas consecuencias son muy graves y pueden determinar la muerte de la persona.

¿Cuáles son estas? Sobre todo, las mediadas por el daño al sistema nervioso central, y que se expresan como estados de confusión, convulsiones y coma. Los hallazgos anatómicos en estos casos demuestran la presencia de hemorragia cerebral.

En el pasado, estos cuadros de incremento de sodio en sangre eran muy frecuentes en niños, cuando sufrían de enfermedad diarreica aguda y deshidratación grave. Las medidas de salud pública como las inmunizaciones y las terapias de rehidratación oral han disminuido drásticamente la mortalidad infantil por esta causa.

Por eso, al ser de público conocimiento los decesos producidos en por lo menos tres regiones del país, a causa de la administración de soluciones de cloruro de sodio debemos volver los ojos a estos productos medicinales, que se pueden convertir en un arma mortal cuando no tienen conformidad en la concentración de las sales como el cloruro de sodio.

Lo que era una hipótesis, ya se ha confirmado, los frascos administrados a los pacientes contenían una concentración tan elevada de sodio, que desencadenaron situaciones médicamente inmanejables en tres casos, todas ellas, penosamente, de necesidad mortal.

En este caso, lo que está en juego es la idoneidad de los controles sanitarios, en los que no solo debería considerarse las buenas prácticas de manufactura o de almacenamiento, sino también otros aspectos cruciales en la seguridad de un fármaco, como la comprobación de las concentraciones de las sustancias que el rotulado del frasco dice contener. La sal que es fuente de vida, también mata.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Virginia Baffigo es expresidenta ejecutiva de Essalud

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