En el Perú, cada vez menos jóvenes logran llegar y mantenerse en la educación superior. Según la Encuesta Nacional de Hogares (INEI), en el 2022 solo tres de cada diez jóvenes (30,9%) transitaron hacia este nivel educativo, frente al 36,6% del 2019. En tres años, miles de trayectorias académicas se interrumpieron.
Estas cifras revelan un problema estructural: la brecha de permanencia. La Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju) estima que apenas 21 de cada 100 jóvenes de entre 22 y 24 años culminan sus estudios superiores. En cambio, 17 de cada 100 interrumpen una carrera universitaria y 46 abandonan la educación superior no universitaria.
Detrás de cada porcentaje hay historias de esfuerzo y frustración: jóvenes que superaron barreras familiares, económicas o geográficas para ingresar a la universidad, pero encontraron un sistema que no siempre los acompañó. Las razones son múltiples: brechas en preparación escolar, dificultades económicas, falta de tutorías, problemas de salud mental y ausencia de redes de apoyo.
El informe “The State of Education in Latin America and the Caribbean del BID” (2024) muestra que apenas 1 de cada 5 jóvenes latinoamericanos completa estudios superiores. Una investigación en “Frontiers in Education” demuestra que la deserción no se explica solo por falta de recursos o bajo rendimiento académico. Factores como la resiliencia, claridad de objetivos, acompañamiento emocional y sensación de propósito influyen.
Permanecer en la universidad exige un ecosistema que sostenga a los estudiantes no solo económicamente, sino humana y académicamente. De lo contrario, el acceso se convierte en una puerta que demasiados jóvenes no logran cruzar completamente.
Desde la Universidad de Lima reafirmamos: la verdadera medida de la educación superior no reside en cuántos ingresan, sino en cuántos egresan preparados para transformar su entorno con integridad y propósito. Cerca del 70% de nuestros alumnos pertenece a las categorías C y D, reflejo de un país diverso que encuentra en nuestra institución un espacio de oportunidad y movilidad social.
Como universidad sin fines de lucro, todo se reinvierte en infraestructura moderna, programas académicos de vanguardia y proyectos orientados al futuro. La nueva biblioteca, el Instituto Tecnológico de Chancay y nuestros sistemas de apoyo estudiantil son parte de este compromiso. Somos un pequeño Perú que crece con su gente, integrando inclusión, innovación y excelencia en una educación que transforma vidas.
El Día Mundial del Acceso a la Educación Superior nos recuerda que abrir la puerta no basta. Permanecer, aprender y transformar es lo que cambia la vida de una persona y el futuro de un país.
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