El enfrentará en el 2026 un proceso electoral con 43 candidatos presidenciales. Es iluso creer que los resultados del proceso electoral serán los mejores para el país. Por ello, el liderazgo ciudadano y la lucha en defensa de la y las instituciones son urgentes.

En los últimos años, el Perú ha enfrentado un retroceso en la democracia y la calidad de sus instituciones. Las instituciones son las reglas del juego sobre las que operan las personas y las empresas en un país. Son los derechos de propiedad, las leyes y las regulaciones, pero también la distribución del poder político y económico, y tienen un rol central en el desarrollo de los países.

Para la mayoría de peruanos el acceso a servicios de salud y educación es malo. No tienen viviendas de calidad ni redes de protección social, y enfrentan solos la inseguridad y se desarrollan en la informalidad. Su contacto con el Estado es uno basado en la desidia, la corrupción y el abuso. Los peruanos, parafraseando a Zavalita, se defienden del Perú como pueden.

La mayoría de peruanos siente que su voz no es escuchada. El 79% cree que, a los políticos, la gente como ellos no les importa. Esto es una muestra de cómo se ha deslegitimado el sistema democrático. Solo ocho de cada 100 peruanos se sienten satisfechos con la democracia que existe en el Perú. Y, entonces, ¿cómo sostenemos la democracia cuando los ciudadanos sienten que no son escuchados y donde la gran mayoría se siente excluido de los beneficios del crecimiento económico?

En una conferencia reciente, Daron Acemoglu habló sobre la relación directa que existe entre el crecimiento económico y la calidad de las instituciones. En aquellos países donde las instituciones son inclusivas, es decir, donde no importa quién sea usted y quién sea yo, a qué colegio hayamos ido ni nuestras relaciones personales, donde se favorece la inversión privada, la igualdad ante la ley y el Estado de derecho es firme, el crecimiento económico es mayor. En el Perú, las instituciones son extractivas, es decir, concentran la mayoría de recursos en manos de unos pocos, creándose redes de clientelismo. En este tipo de sociedades las reglas se han hecho a medida de determinados grupos de poder. Y si bien existe crecimiento económico, este es absorbido por las poblaciones más ricas, ampliándose la brecha de inequidad con las poblaciones más pobres. No solo en cuanto a ingresos económicos y acceso a servicios, también en cuanto acceso a instituciones políticas. La distribución de recursos tiene un impacto directo en las relaciones entre los distintos grupos de la sociedad.

En países con instituciones extractivas, como los ciudadanos no se sienten representados, están en una búsqueda constante de un líder antisistema. Una de las razones por las que muchos peruanos votaron por Castillo fue porque lo consideraban uno de ellos y que, por eso mismo, lograría romper el sistema para que el Estado los escuchara. Muchos de estos votantes consideran que la salida de Castillo es un abuso más de los ricos. Y no solo eso, sino que volverían a votar por él o por alguien como él.

Si bien la inequidad es consecuencia natural del crecimiento económico, necesitamos lograr que este crecimiento llegue también al 40% de la población que se encuentra en la base de la pirámide. Para ello, tenemos que establecer políticas que permitan que las poblaciones más pobres accedan a mejores condiciones de vida y mejores trabajos; de lo contrario, ninguna democracia será sostenible.



*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

María Cecilia Villegas es CEO de Capitalismo Consciente Perú

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