“Ustedes ven a mi costado a los mismos altos mandos, al mismo comandante general, estaban y continúan, y mientras sigamos trabajando y sigamos teniendo resultados van a continuar… Están aquí y van a continuar mientras tengan esa misión de trabajar y tener los resultados que tenemos hasta ahora, porque este vector de inteligencia nos está dando muy buenos resultados”. Esto dijo textualmente el ministro del Interior el miércoles pasado, refiriéndose al comandante general de la Policía Nacional del Perú.
Sin embargo, al día siguiente, y luego de innumerables críticas, dijo textualmente en el Congreso: “No ha habido ratificaciones, espaldarazos y otras palabras que circulan por ahí que obviamente yo no las he dicho, tienen mucha imaginación. Acá se procede con estricta sujeción al marco legal vigente. El Congreso saliente aprobó una ley que impide la remoción del comandante general”, dando a entender que, a pesar de que su voluntad era deshacerse del comandante general de la PNP, no podía hacerlo.
Son dos versiones textuales absolutamente contradictorias que ofrece la misma persona en el lapso de 48 horas. En la primera habla de continuidad en el cargo por muy buenos resultados. En la segunda dice que no puede sacar al alto mando aunque quisiera. Y no se trata de mucha imaginación de los demás. Le faltó imaginación al ministro para dorar mejor la píldora.
Este caso muestra uno de los mayores problemas del Ejecutivo: el de la comunicación. No es la primera vez que un ministro de este gobierno trata de decir que no dijo lo que dijo, que tiene que disculparse por lo que dijo, que dice o propone algo que no debió haber propuesto o que fue desautorizado por lo que dijo.
Otro caso notorio es el de la solicitud de facultades legislativas. Y no hablamos solo de la filtración, sino de las explicaciones, justificaciones, excusas o referencias que el Ejecutivo debió dar a la población sobre la demora en su presentación. Todos esperaban que el primer ministro, finalmente y después de tantas postergaciones, dijera algo en su presentación al Congreso, pero no hubo ni una sola palabra al respecto.
Y en el camino han surgido otros temas y versiones como el de diferencias entre ministros por las facultades, un enfrentamiento entre el jefe del Gabinete y el presidente del Senado, el encuentro de la presidenta en un spa con un empresario argentino con problemas legales, y algunos otros más que si no se aclaran transparentemente, debilitan su credibilidad.
Gobernar significa también comunicar, transmitir e ir contando, dijo Keiko Fujimori. Y es absolutamente cierto. Pero no se trata de comunicar por comunicar, transmitir por transmitir o callar cuando sí se debe comunicar. La comunicación es como la medicina, se debe administrar de acuerdo con la prescripción médica: porque si no se toma, hace daño; si se toma mal, hace daño; y si se toma en exceso, también hace daño.
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