He dedicado gran parte de mi vida profesional al trabajo en bibliotecas, y algunos de esos años en una biblioteca escolar. Esa experiencia me recuerda siempre el valor de las bibliotecas como un espacio educativo clave para el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, y para el logro de las competencias del currículo nacional. En este mes de noviembre, en que se celebra el Día de la Biblioteca Escolar, quisiera reflexionar sobre su importancia desde la educación y la formación docente.
Más allá de su función instrumental, la biblioteca escolar es un espacio de construcción de comunidad lectora y escritora. Fomenta el encuentro con el otro y con el libro cuando es un espacio vivo, con recursos y una gestión adecuada. Allí se desarrollan aprendizajes significativos, autonomía, sensibilidad y pensamiento crítico. Los lectores acuden no solo por necesidad académica, sino por deseo y curiosidad, buscando esos tesoros que despiertan emociones y diálogo entre libros, lecturas y mediadores.
En una biblioteca escolar activa se realizan lecturas académicas y recreativas, proyectos e investigaciones que fortalecen el aprendizaje autónomo, el trabajo colaborativo, el liderazgo y la gestión crítica de la información. Es un entorno seguro, acogedor y culturalmente pertinente para quienes lo habitan.
Sin embargo, en el Perú persisten desafíos en el acceso al libro y a la lectura. En muchas zonas rurales o vulnerables, la biblioteca escolar es inexistente o poco reconocida. Urge visibilizarla como una estrategia clave para fomentar prácticas lectoras desde edades tempranas, en articulación con la familia y la comunidad.
Si concebimos la biblioteca escolar como un espacio vivo y en transformación, gestionado colaborativamente, avanzaremos hacia la democratización del conocimiento. Esto requiere materiales diversos y de calidad, sensibles a las realidades y lenguas locales, así como compromiso político y recursos sostenibles. No basta la buena voluntad de docentes y mediadores: se necesita una política educativa que reconozca la biblioteca como eje del derecho a la educación.
Según la Encuesta Nacional de Lectura 2022, solo el 47,3% de adultos leyó al menos un libro en el último año, frente al 78,7% de niñas, niños y adolescentes. Esa diferencia es una oportunidad: la infancia muestra una fuerte disposición hacia la lectura que debe sostenerse desde la escuela.
La biblioteca escolar no solo forma lectores y escritores, sino también ciudadanos críticos, sensibles y autónomos. Fortalecerla es una urgencia educativa y social que nos compromete a todos.
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