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La experiencia no se jubila
Resumen generado por Inteligencia Artificial
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Durante años, el mercado laboral ha cargado un prejuicio silencioso pero constante: el edadismo. Esa práctica, que subestima a los profesionales mayores de 50, aparece disfrazada en convocatorias que “prefieren candidatos jóvenes” o en la idea de que, pasados ciertos años, uno “ya no se adapta a la tecnología”. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial generativa está desmontando ese mito con una claridad que pocos anticiparon. Herramientas como ChatGPT, Gemini, Deepseek o Copilot, por citar algunas de las más populares, han democratizado el acceso a la productividad y al conocimiento, y han creado un escenario donde la experiencia ya no es un lastre: es una ventaja competitiva.
La IA generativa ha modificado el eje del valor profesional. Hoy no destaca quien memoriza más información o quien acumula más grados académicos, sino quien formula mejores preguntas. La clave es el pensamiento crítico, la capacidad de contextualizar y la intuición para distinguir lo esencial de lo accesorio. En ese terreno, los profesionales seniors poseen un capital que no se puede aprender en un tutorial ni en un curso acelerado. Esa capacidad para leer entre líneas, anticipar riesgos y conectar aprendizajes previos se vuelve decisiva cuando se interactúa con sistemas que responden según cómo se les pregunta.
Steve Jobs entendió esta idea antes de que existiera la inteligencia artificial generativa. En su célebre discurso en Stanford, recordó cómo unas clases de caligrafía que tomó por simple curiosidad terminaron influyendo, años después, en el diseño tipográfico del Macintosh. Esa decisión, aparentemente lateral, transformó la interfaz de la computación personal. Jobs resumió ese proceso con una frase que hoy es aún más vigente: “No se pueden conectar los puntos mirando hacia adelante; solo se pueden conectar mirando hacia atrás”. Lo que quiso transmitir es simple: las experiencias acumuladas, incluso aquellas que parecen irrelevantes, son las que permiten innovar cuando el contexto lo exige.
Ese tipo de pensamiento —lateral, contextual, histórico— es uno de los mayores diferenciadores frente a la inteligencia artificial. Los modelos predictivos pueden procesar datos, pero no pueden decidir qué puntos vale la pena conectar ni qué significado tienen en la vida real. Es decir, carecen de sentido común. Y ese sentido común es una habilidad humana vinculada, sobre todo, a la experiencia. Los profesionales mayores saben qué funcionó, qué fracasó y por qué. Poseen perspectiva y criterio, dos factores irremplazables cuando se quiere que la tecnología contribuya a decisiones responsables.
Lejos de quedar rezagados, muchos profesionales mayores de 50 están demostrando que la IA es una oportunidad para reinventarse. Se proyecta que para 2050 cerca del 30% de la población será mayor de 60 años en América Latina, lo que presenta un reto urgente para la integración de esta población en la economía digital y el mercado laboral. No se necesita saber programar. Lo que se requiere es pensamiento estratégico, ética, y la madurez para dirigir mejor un proceso, interpretar una respuesta o cuestionar un resultado. Esa es la esencia de la nueva alfabetización digital.
A esto se suma otro valor poco discutido: la paciencia. Mientras que muchos usuarios jóvenes buscan inmediatez en las respuestas, los mayores tienden a analizar antes de actuar.
Este fenómeno no implica que los jóvenes pierdan protagonismo. Todo lo contrario. Ellos aportan velocidad, manejo técnico y aprendizaje ágil. Pero requieren referentes. Necesitan trabajar con personas que sepan reconocer patrones, identificar riesgos y distinguir entre una solución realmente nueva y una que solo parece novedosa. Esa colaboración intergeneracional será la fórmula más efectiva para navegar un mercado que cambia a la velocidad del software.
El desafío central no es tecnológico: es cultural. Debemos desmontar la idea de que los mayores no reúnen condiciones para un puesto de trabajo. En realidad, las organizaciones necesitan su experiencia para aprovechar plenamente el potencial de la inteligencia artificial. El talento no caduca. Caduca, más bien, la mirada que no reconoce su valor.
La inteligencia artificial abre una oportunidad histórica para revalorizar el conocimiento acumulado. En esta nueva era, los profesionales que sepan pensar, conectar ideas y darle propósito a la tecnología serán indispensables. La experiencia no se jubila. Evoluciona. Y hoy, más que nunca, importa.

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