En cualquier otra circunstancia, el partido de gobierno no tendría ninguna oportunidad de reelegirse. Sobre todo después de haber tenido el gobierno más impopular de la historia del Perú. El desgaste político es tan brutal, que en los últimos años cada expresidente que ha intentado volver al poder ha terminado rechazado por las encuestas y las urnas. Por eso ni Toledo, ni Alan ni Ollanta Humala han podido reelegirse tras sus respectivos gobiernos de los dos miles. No solo eso, sino que muchas veces el descrédito de cada expresidente les ha generado el rechazo popular e incluso la prisión.
Por eso sorprende que Vladimir Cerrón y su partido se paseen orondos por medios y plazas pidiendo el voto del electorado. Sobre todo considerando que Cerrón es un prófugo de la justicia que ha estado en la clandestinidad por dos años.
¿Por qué no los reciben con piedras tras el desastroso quinquenio de Dina Boluarte y Pedro Castillo? La respuesta es simple y compleja a la vez. Cerrón instrumentaliza el desprestigio de nuestra justicia a su favor. Pero, sobre todo, utiliza la narrativa imperante sugiere que ellos (Perú Libre) no gobernaron enteramente durante este último lustro.
La realidad, sin embargo, es clara. Perú Libre puso a los ministros de Castillo, luego vacó a Castillo y terminó colocando a Dina Boluarte en Palacio. No solo eso: Perú Libre también integró la Mesa Directiva durante la mayor parte de ambos gobiernos, sobre todo a través de Waldemar Cerrón, hermano e interlocutor de Vladimir.
Cerrón, sin embargo, insiste en que los poderes fácticos no los dejaron gobernar, en que Dina fue expulsada del partido y en que ellos no formaron parte del Ejecutivo. Una narrativa que no se sostiene con la realidad.
Sin embargo, en este discurso Cerrón tiene el apoyo de sus enemigos jurados, los progresistas y caviares. Cerrón los sigue criticando incluso ahora, cuando dice que “(...) aquí lo que han querido es que solamente postulen los candidatos de la derecha y los candidatos de la izquierda caviar que son funcionales a la derecha.”
Pero si a alguien son funcionales los caviares es al propio Vladimir Cerrón. Porque los caviares insisten machaconamente en que Keiko Fujimori es quien ha gobernado tras bambalinas. El discurso progre es contradictorio, porque afirma que Boluarte es el títere de Keiko. Y que, al mismo tiempo, Dina es una sanguinaria dictadora (“Dina asesina”). En esa narrativa caviar quienes gobernaron fueron Keiko, Acuña y López Aliaga. Es decir, la derecha. Convenientemente, ese discurso siempre obviaba a Perú Libre, que es el partido con más congresistas, el que puso a ambos presidentes y el eterno miembro de la Mesa Directiva que votaba en pared con Keiko y Acuña.
Gracias a esa inusitada alianza entre Cerrón y los caviares, la izquierda ha logrado sacudirse de la mochila de sus dos gobiernos nefastos (Castillo y Boluarte) y de cinco años de crisis e impopularidad. Y ahora resulta que la derecha es la culpable de los últimos cinco años de desgobierno. Y es por eso que ahora la izquierda (incluyendo la de Perú Libre) se presenta como la oposición y la aspirante a gobernar “por primera vez”.
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