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La semana pasada “The Economist” difundió un gráfico en sus redes sociales que ilustraba, de manera categórica, cómo las exportaciones de oro de distintos países de América Latina tenían como principal fuente de origen a la minería ilegal; una actividad que ha avanzado rampante en nuestro país, a vista y paciencia de las autoridades, mientras que las zonas donde estos delincuentes operan se ven asediadas por altos niveles de criminalidad y violencia. El Perú, por supuesto, no solo figuró en este gráfico junto a otros países como Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador y Venezuela: nuestro país, como tristemente se podría anticipar, lideró el ránking regional, con las exportaciones ilegales del metal precioso representando más de 40% del total de envíos realizados al cierre del 2023. Del Perú para el mundo.

Según la última data del Instituto Peruano de Economía (IPE) -publicada en El Comercio en mayo-, las exportaciones de oro ilegal provenientes del Perú alcanzaron una cifra récord de US$7.415 millones en el 2024, posicionándose un 54% por encima de la cifra del 2023. Y para este 2025, la lamentable expectativa es que el valor de dichas exportaciones de fuente ilegal sume por lo menos US$12.000 millones, traduciéndose así en un incremento de 60% frente a las ganancias registradas el año anterior.

Y es que el negocio del oro, hoy por hoy, es uno lucrativo y redondo. “The Economist” enfatizó, por ejemplo, que mientras el negocio de las drogas pierde brillo entre los operadores ilegales a nivel mundial -la alta supervisión en las fronteras de América del Norte y Europa ha hecho que sea más riesgoso y menos conveniente-, la extracción ilegal de oro, por el contrario, se posiciona como un negocio de alto valor que solo debe eludir -o engatusar- al poder de turno para probar su éxito, siendo muy tentador para los criminales que quieren obtener un mayor margen de ganancias. Recordemos que desde finales del 2022 el mundo ha sido testigo de un vertiginoso aumento en el precio de este valioso metal, que mantiene una tendencia alcista a medida que los riesgos globales persisten o incrementan (guerras en Medio Oriente, guerra entre Rusia y Ucrania, entre otros conflictos).

Con el oro cotizando por encima de US$3.000 por onza y posicionándose como el segundo activo de reserva a nivel global, tomando la delantera sobre el euro, asumir algunos riesgos para los criminales de turno que buscan ganar a toda costa no luce como una mala idea.

Este es el contexto de bonanza que los mineros ilegales han sabido aprovechar a nivel nacional para permanecer intocables, mientras el Estado Peruano continúa quedando expuesto como un actor ineficiente, fracasado -ahora ante los ojos del mundo- y cómplice. ¿Realmente le importará a nuestras autoridades que la situación mejore? Aunque la respuesta no sea simple, la ausencia de acciones concretas -o, también, el interés de miembros del Congreso por legislar en contra de los intereses del país- dice más que mil palabras.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Paola Villar S. es productora editorial y periodista

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