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Mar de indiferencia
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Para cualquiera es evidente que las decisiones importantes exigen prestar atención. A nadie se le debería ocurrir, por ejemplo, someterse a un procedimiento médico, delegar autoridad legal, o tomar créditos sin antes enterarse bien de lo que está haciendo. Las consecuencias de elegir mal pueden ser desastrosas. Y, sin embargo, cuando de tomar decisiones electorales se trata, la población peruana parece estar especialmente desinteresada.
De acuerdo con un informe publicado ayer en El Comercio, el próximo año tendrá el récord histórico en cargos de elección popular en juego. Entre los comicios generales de abril y los subnacionales de octubre, la ciudadanía seleccionará a 13.240 autoridades, un número inédito. Solo en las elecciones de abril –para elegir a la plancha presidencial, senadores, diputados y parlamentarios andinos–, habría más de nueve mil candidatos. En las del último trimestre del año –para elegir alcaldes y regidores provinciales y distritales, además de gobernadores regionales y otros cargos–, serán decenas de miles de aspirantes. Las cifras son estratosféricas y suponen un dolor de cabeza para las autoridades electorales y la ciudadanía.
La respuesta de los futuros votantes parece haber sido, más bien, la apatía y, en el peor de los casos, el cinismo. El mar de candidatos, sumado al descrédito de la clase política en general, explica que tres de cada cuatro peruanos desconfíen de los partidos políticos, de acuerdo con cifras de Datum Internacional. Dos de cada tres no simpatizan con ninguna agrupación. Una proporción similar de jóvenes dice que está poco o nada informado sobre política. El peruano promedio, en general, prefiere hacer su vida alejado de lo que suceda en los corredores políticos.
Las cifras son preocupantes para el pacto democrático mínimo que demanda cualquier país, pero se corresponden con lo que encontró el Latinobarómetro del 2023: entre 17 países de la región evaluados, el Perú era el de menor proporción de gente satisfecha con el funcionamiento de su democracia (8%), incluso por debajo de Venezuela (14%).
El Perú está entrando, así, a su año electoral más importante con los ojos vendados por el desinterés y el hartazgo. Pero desentenderse de los problemas, ignorarlos por desidia, no los hace desaparecer. Hartazgo o no, las elecciones sucederán, y darán como resultado a las autoridades de todo el Perú por los siguientes cuatro y cinco años. Y si los alcaldes, diputados o senadores no dan la talla llegado el momento, no tendremos a nadie más que culpar que a nosotros mismos.

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