A causa de las tres inhabilitaciones políticas que pesan sobre él, el expresidente Martín Vizcarra no podía oficialmente ser ni dirigente ni militante de Perú Primero (y mucho menos su candidato presidencial). Como se sabe, sin embargo, eso nunca le impidió ejercer el poder dentro del partido. Fundada por él para tratar de capitalizar la popularidad de la que todavía goza entre algunos sectores ciudadanos, esa organización política mostró rápidamente una segunda fila de personajes que no tenían mayor afinidad programática entre sí y daban la impresión de estar ahí solo para obtener un beneficio colateral de esa popularidad. Una impresión que se veía – y se ve todavía– reforzada por los afanes que existen dentro del conglomerado por llevar como postulante a la presidencia al hermano del exmandatario, Mario Vizcarra, y sacarle provecho al apellido.
Durante algunos meses, Martín Vizcarra hizo campaña como si las inhabilitaciones ya mencionadas no existieran, pero todo eso llegó a su fin la semana pasada, cuando el Poder Judicial le dictó cinco meses de prisión preventiva. Esa circunstancia ha permitido comprobar la impresión de la que hablábamos antes, pues, no bien el exgobernante fue trasladado al penal de la Dinoes, Perú Primero se convirtió en un campo de batalla en el que las armas más socorridas parecen ser las navajas y los serruchos. El síntoma más claro – pero no el único – de esa transformación lo proporcionan los cambios que tres integrantes del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) –Eunice Dextre Castillejo, Gianinna Manrique Mansilla y Rocío Farfán Uribe– han empezado a forzar en los comités regionales, provinciales y distritales del partido, con el propósito de, al decir de sus objetores, “copar” los puestos dirigenciales y colocar aspirantes al Congreso. El trasfondo de esas movidas, de acuerdo con esas mismas fuentes críticas, sería “hacer negocio con las candidaturas a senadores y diputados”. Áncash, Tacna, Arequipa, Chiclayo y Madre de Dios habrían sido ya escenario de relevos de ese tipo y los ásperos intercambios de chats que publicó ayer este Diario dan testimonio del caos y el encono que esa situación ha desatado dentro de la organización vizcarrista.
Lo que viene ocurriendo, desde luego, no solo arroja luces sobre los inquietantes manejos de la segunda línea de Perú Primero, sino también sobre la seriedad con la que Martín Vizcarra echó a andar este proyecto. De un inescrupuloso aventurero político como él solo se puede esperar una aventura política. Y eso es lo que está demostrando ser ese partido.
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