Local US¡Cómo se extrañan las ideas!, por Franco Giuffra
Los periodistas y reporteros, en su gran mayoría, no ayudan mucho en extraer declaraciones con contenido.
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Aunque se trate de una costumbre bien arraigada, no deja de sorprender que una campaña electoral se pueda desarrollar entre nosotros sin mayor confrontación de propuestas. Los candidatos brotan, se pelean entre ellos y llegan a la primera vuelta sin decir casi nada que tenga sustancia sobre la economía, la organización del Estado o el control del territorio.
Tal vez a la gente eso no le interese o quizá los periodistas no quieran indagar al respecto. Lo cierto es que un aspirante a presidente puede navegar perfectamente las aguas movidas de una elección sin decir jamás qué piensa hacer concretamente en materia laboral o política comercial, para no hablar de educación inicial o desnutrición infantil.
Ahora mismo es una incógnita total qué proponen, por ejemplo, los movimientos de izquierda. ¿Van a controlar los precios? ¿Encarecer las importaciones? ¿Nacionalizar algunas empresas? Lo más aterrizado que se les conoce son entidades metafísicas del tipo “queremos un país para todos” o “lucharemos para que todos los peruanos puedan sonreír de nuevo”.
No es más concreto el fujimorismo, aunque quizá sus antecedentes como gobierno pudieran dar una pista. La señora Keiko está en campaña hace años, pero resulta imposible enumerarle cinco propuestas específicas sobre algo. Sí recuerdo haberle escuchado, en vivo y en directo, que iba a resolver el problema de la educación escolar regalando a los niños buzos y zapatillas, para que vayan a estudiar contentos.
Del aprismo sabemos que es “la superación dialéctica del marxismo”, según escribió un novato Alan García. Eso y que planean crear un ministerio de la juventud. En su caso, me parece terrorífico lo que pueda hacer don Alan en un contexto económico adverso, habiendo demostrado con hechos que es capaz de destruir un país si en verdad se lo propone. De lo que piensa hacer ahora, no sabemos nada.
Una excepción saludable ha sido don Pedro Pablo. Aunque varias de sus propuestas me parecen mal encaminadas, ha presentado a su equipo económico y anunciado una serie de medidas concretas en materia económica. Es un ejemplo que debería imitarse.
Probablemente sea una ingenuidad reclamar estas cosas. Pero si los partidos no dicen lo que piensan hacer, con algún nivel mínimo de acciones verificables, es difícil luego tomarles examen. No adquieren compromisos con nada y sus representantes votan más tarde en cualquier sentido.
Basta repasar lo que ha sido el gobierno humalista para conocer las consecuencias. La vaguedad de la hoja de ruta ha producido una imprevisibilidad total sobre lo que sus miembros pueden proponer o defender.
Los periodistas y reporteros, en su gran mayoría, no ayudan mucho en extraer declaraciones con contenido. El oficio ha degenerado a la confrontación de puyazos. “Fulano dice que usted es un improvisado, ¿qué le respondería”, es la típica construcción del reportero peruano. “Yo no le contesto a un miserable que tiene problemas con la justicia”, se oye como respuesta. Y así nacen los titulares. Es la escuela periodística del “dice que”.
Todo indica que esta vez no será diferente. Las elecciones, al parecer, se ganarán por carisma personal, por prometer más que los otros o por la astucia para intercambiar especies denigratorias.
No digo que cambiar esta tradición sea la solución a nuestros múltiples problemas, pero una elección con algo de propuestas concretas a lo mejor nos devuelve la ilusión de que algo existe más allá de los Oropezas, los Facundo Chingueles y las agendas.

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