Desamar a Marilyn

“Amar a Marilyn no significaba entonces reconocer sus virtudes de actriz, sino solo relamerse con su imagen”.

    Enrique Planas
    Por

    Redactor de Luces y TV+

    enrique.planas@comercio.com.pe

    Resumen

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    Mi generación, que no alcanzó a verla en películas de estreno, desarrolló con ella una relación puramente platónica. Quererla era, meramente, un acto de impostura, una cursilería cultural, propia de un estudiante de comunicaciones que quiere pasar como cinéfilo cuando ni siquiera puede nombrar los títulos de tres películas de Billy Wilder o de Howard Hawks. Amar a Marilyn no significaba entonces reconocer sus virtudes de actriz, sino solo relamerse con su imagen en los libros, revistas y afiches: sus curvas infartantes, la sonrisa brillante delineada con aerógrafo, las pestañas dibujadas con tinta china, el peinado que más parece escultura pop de Andy Warhol que un verdadero entramado de cabellos.

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