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No hay desarrollo sin amabilidad, por Rolando Arellano

“No habrá desarrollo económico o político si no hay cooperación y confianza”.

Rolando Arellano C. Presidente de Arellano Consultores y profesor de Centrum Católica

Cooperación

“Más que la urgencia de sobrevivir, hoy la mayoría quiere crecer y mejorar”. 

Generada por eventos de la vida diaria y alentada por los medios y por muchos líderes de opinión, los peruanos vivimos una creciente “hostilidad sorda” entre ciudadanos, que nos impide avanzar y crecer como nación. Felizmente, eliminarla no es difícil, porque no es parte de nuestra esencia nacional y porque cambiaron las circunstancias que la originaron. Veamos.

¿Es la hostilidad una característica de los peruanos? No, pues siempre fuimos hospitalarios, como se vio en las ollas comunes que alimentaron a las familias en las grandes crisis y en los wawa wasis que las madres formaron para cuidar a sus hijos y poder salir a producir. Y como hoy se ve en la solidaridad en los pueblos y los barrios, y en las polladas pro fondos para casos de emergencias y oportunidades.

¿Y cuándo se originó este cambio? Se originó cuando la sociedad fue desbordada por la necesidad de sobrevivir, en la anarquía de las grandes migraciones que dejó a las familias sin paisanos y sin leyes. Y creció cuando Sendero Luminoso hizo que todos vieran al prójimo como una amenaza potencial. Fue en esos tiempos del “sálvese quien pueda” y de la supervivencia que aquí, como en el ‘far west’ estadounidense, muchos llaneros nos volvimos solitarios en vez de solidarios. Y a ello contribuyeron luego medios y líderes de opinión que se especializaron en remarcar lo malo de nuestras relaciones.

¿Se justifican hoy comportamientos como ese tráfico donde todos quieren pasar primero, el no respeto a las filas de espera y las caras hoscas en las calles? No como antes, pues los peruanos hemos logrado disminuir muchas carencias y más que la urgencia de sobrevivir, hoy la mayoría quiere crecer y mejorar. Y porque para crecer son fundamentales las buenas relaciones con los otros, pues los actos de solidaridad no solo ayudan a construir proyectos más sólidos, sino que aportan bienestar por sí mismos.

Antes de ir a temas complejos, empecemos con los simples, como saludar en la calle, que nos permitirá conocer gente y recibir en respuesta ese “buen día” que queremos. Y también con dar paso a otros autos, pues al no bloquear la calle pasamos rápido todos. Y con ceder el asiento en la combi a alguien mayor, pues el ejemplo quizá hará que otro haga igual con nuestros padres más tarde. De hecho, si los medios apoyaran no solo remarcando lo malo, sino mostrando lo bueno de ser amables, y si las empresas lo promovieran como aporte social, todos ganaríamos.

¿Es esta una idea solo principista? No, pues sabemos que no habrá desarrollo económico, político o social si no hay cooperación y confianza entre las personas. Y por eso la amabilidad debe entrar a nuestra vida diaria y a nuestra agenda de país. Que tengan una buena semana.

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