RespuestasUbi sunt
El ministro Malaver añora el hampa oriunda en clave poética.
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Periodista
Resumen
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Las semanas del titular del Interior, Carlos Malaver, deben ser todas difíciles, pero la que termina tiene que haberlo sido de manera especial. Empezó con un rapto de nostalgia por la criminalidad de sabor nacional que sufríamos en el país antes de la llegada de tanto maleante extranjero, continuó con una interpelación parlamentaria en la que le tocó enfrentar la duda vejatoria de si no será en realidad Juan José Santiváñez quien maneja los hilos de su despacho, y no se puede descartar que culmine el domingo con algún informe periodístico que lo ponga contra las cuerdas. Es, sin embargo, la primera de estas circunstancias la que ha captado la atención de esta pequeña columna.

El lunes, en efecto, el ministro se enredó ante los micrófonos de la prensa en una elaboración ampulosa sobre “la criminalidad que vino de las afueras de nuestro país”, trayendo una violencia en la que “primero te matan y después te roban”. Pero se guardó lo mejor para el final. “Quizás ahora extrañamos a nuestros delincuentes”, fue la fórmula con la que coronó su perorata, y el desconcierto entre los reporteros que cubrían la noticia fue absoluto. Tanto fue el revuelo que provocó la frase, que dos días después se sintió en la necesidad de aclarar que aquello había sido “una metáfora”. A decir verdad, su colorida expresión estuvo más cerca de una hipérbole que de una metáfora, pero el hombre es ministro del Interior y no de Cultura, y debemos entender que lo que quiso señalar es que sus palabras no podían ser interpretadas en sentido literal, pues habían obedecido a un ánimo esencialmente retórico y, quién sabe, hasta poético. Así que, cogiendo esa pista, quisiéramos proponer aquí una relectura de lo que Malaver declaró. O, mejor dicho, recitó.
–“Tatán”, “Perochena”, “Django”–
Sabiéndolo o no, Malaver estaba visitando uno de los tópicos más prestigiosos de la literatura occidental. A saber, el “ubi sunt”, que es precisamente un lamento por las gentes que el paso del tiempo nos robó, y que acaso hacían nuestra vida mejor. Lo encontramos en manifestaciones poéticas tan disímiles como el “Beowulf” anglosajón o las coplas que a Jorge Manrique le inspiró la muerte de su padre, y con frecuencia se presenta a través de la pregunta retórica: “¿dónde están?” (que es la exacta traducción de lo que el nombre del tópico quiere decir en latín). A su manera, entonces, el ministro bien podría haber estado clamando a la Providencia qué fue del elegante “Tatán”, que trataba con caballerosidad a las víctimas de sus despojos, del mítico “Perochena”, que esperaba a que los ricachones que decidía desvalijar salieran de sus casas para penetrar en ellas rompiendo la puerta, o del recordado ‘Django’, asaltante de bancos que escondía un alma de predicador que acabaría por transformarlo… Malhechores nacionalistas que, a diferencia de los que hoy pululan por el país amenazándonos en un acento extraño, se desayunaban con pan con chicharrón y no con arepas, y eran capaces de gritar los goles de la blanquirroja igual que el más ferviente de los hinchas honestos de nuestra selección. Miembros de un hampa oriunda, en fin, que primero te robaba y solo después te asesinaba, concediéndote unos instantes más de preciosa vida. Mirado bajo esa luz, el gesto de Malaver excede el terreno de la añoranza poética y encuentra raíces en la realidad, porque uno tiene que ser patriota hasta en los trances últimos de la vida. Por eso hacemos votos desde aquí para que su reciente interpelación no derive en una censura que haga caer en el olvido los méritos de tanto delincuente atento que esta tierra hermosa vio nacer.









