Roche relámpago

Por un instante, el presidente del Congreso sintió esta semana vergüenza.

    Mario Ghibellini
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    Era ya de noche, quizás por eso pocos medios recogieron el episodio. Pero lo que ocurrió este jueves en el hemiciclo fue insólito. Único, en realidad. Después de una interrupción provocada por un griterío que el tercer vicepresidente del Congreso, Alejandro Cavero, no supo controlar, el pleno convocado para esa jornada fue reanudado y, como quien quiere hacer sentir que ya volvieron los adultos, el titular del Legislativo, Eduardo Salhuana, tomó la palabra. “Yo, personalmente, como presidente [del Parlamento], quiero pedir las disculpas del caso a la ciudadanía”, dijo. Y, por un instante, un extraño fulgor relumbró sobre su testa, en marcado contraste con el ilusorio azabache que la cubre. Fue un relámpago, que duró apenas lo que demoró la frase en brotar de sus labios, pero algunos testigos atentos lo alcanzaron a ver.

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