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¡Unagi!, por Mario Ghibellini

El presidente descubre que lo que necesitaba era concentrarse.

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"¿Qué otras iluminaciones transmitidas por su ‘sensei’ vaticano nos revelará el jefe de estado en los días venideros? Solo Dios lo sabe". (Ilustración: Mónica Gonzáles)

La visita del Papa ha dejado más enseñanzas que las evidentes. Al presidente Kuczynski, por lo menos, parece que le susurró en privado algunos ‘tips’ trascendentales que, a partir de ahora, él nos va a ir revelando de a pocos, como si fueran los misterios de Fátima.

El miércoles pasado, por ejemplo, durante un recorrido por San Juan de Amancaes, en el Rímac, el jefe de estado les confió a los pobladores un pedazo de esa nueva sabiduría. “El otro día con el Papa en mi escritorio – les contó –, conversando, me dijo: ‘sigue trabajando, no te dejes distraer”. Y en sus ojos se notó que, de pronto, había comprendido algo que hasta entonces se le escapaba.

EXCEDENTE DE PAPA

¿Qué fue lo que determinó que el proyecto del aeropuerto de Chinchero se fuese al traste poco tiempo después de que el presidente hubiese declarado que estaba ‘saneado’ y que iba para adelante? ¿Cómo así la reconstrucción con cambios ha marchado a paso de procesión a pesar de lo urgente que resultaba para miles de familias afectadas por el último Fenómeno del Niño? ¿Por qué el mandatario que si de algo sabía en esta vida era de economía no nos ha colocado otra vez en la senda de un crecimiento económico importante, como ofreció? ¡Ahora lo sabemos! Lo que pasó es que el hombre estaba distraído.

Mucho instructor de gimnasia mandándolo a hacer sentadillas cuando estaba por empezar el consejo de ministros, mucho perrito bonito cruzándose en su camino cuando tenía que inaugurar obras en Tarapoto, mucho periodista preguntándole majaderías que no recuerda de sus años de ministro de Finanzas (o, si quieren, de financista y ministro) cuando estaba por iniciar, por fin, la ‘revolución social’ tantas veces prometida… Y, claro, encima la oposición canalla aprovechando las excursiones de su atención para censurarle ministros y plantearle mociones de vacancia.

¡Pero ya no más! Ahora, gracias al Papa, el presidente ha descubierto que lo que necesitaba era concentrarse, así que a partir de mañana, dos cucharadas de arándanos con su cuáquer en el desayuno, y su ‘gamalate’ antes de ir a Palacio. Nunca le volverán a ‘contrabandear’ los miembros del gabinete proyectos populistas para que, con la plata de los contribuyentes, se les compre los excedentes de la producción de papa a los agricultores de ciertas regiones o se les subsidie a las parejas jóvenes el alquiler de sus viviendas. Se acabó el ‘sudoku’ mientras los supuestos tecnócratas se transforman en políticos matreros. Desde este instante, el mandatario vivirá en ‘unagi’, que según Ross (el recordado personaje de la comedia ‘Friends’) es un estado de permanente alerta que le permite a quien lo adopte anticipar los peligros que lo amenazan y evitarlos. Aunque también, justo es mencionarlo, es el nombre de un bocadillo japonés que se prepara con anguila y que alguien podría estar incluyendo de un tiempo a esta parte en la dieta presidencial.

Sea como fuere, esto es solo el principio. ¿Qué otras iluminaciones transmitidas por su ‘sensei’ vaticano nos revelará el jefe de estado en los días venideros? Solo Dios lo sabe, pero, por precaución, será bueno estar confesados.

Esta columna fue publicada el 27 de enero del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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