Por Oscar García

Caminamos por Lima todos los días, pero rara vez miramos de verdad lo que nos rodea. La prisa nos vuelve indiferentes a la historia que tenemos delante, y solo la advertimos cuando desaparece. Una casona demolida, un nombre de calle borrado del mapa: recién entonces entendemos lo que se perdió. Mientras la ciudad cambia sin orden ni proyecto claro, hay quienes todavía la recorren con atención y, con el tiempo, escriben su memoria. Dos publicaciones recientes son ejemplo de ello.