Por Oscar García

El 11 de diciembre de 1981, el Perú despertó con dos noticias que marcarían época. Por un lado, la elección del diplomático peruano Javier Pérez de Cuéllar como secretario general de las Naciones Unidas llenó de orgullo a todo el país. Por otro, se asistía a un evento solidario sin precedentes: una maratón televisiva que mantenía a millones de peruanos pegados a sus televisores. Desde la noche anterior, los hogares se habían llenado de expectativa al ver a una constelación de artistas nacionales e internacionales unidos por una causa humanitaria de objetivo ambicioso: recaudar 500 millones de soles, equivalentes a un millón de dólares, para apoyar la atención médica de los niños con discapacidad de la clínica San Juan de Dios.

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