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“Un día no fui al programa de Augusto Ferrando porque estaba tomando”: Miguel Barraza habla de sus inicios, excesos y del sueño que lo mantiene de pie
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“Un día no fui al programa de Augusto Ferrando porque estaba tomando”: Miguel Barraza habla de sus inicios, excesos y del sueño que lo mantiene de pie

“Un día no fui al programa de Augusto Ferrando porque estaba tomando”: Miguel Barraza habla de sus inicios, excesos y del sueño que lo mantiene de pie

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Sesenta años después de haber subido por primera vez a un escenario, sigue transformando la vida en carcajada. Su voz, su gesto y su picardía forman parte de la memoria popular del Perú, de esa época en que el humor era un oficio de ingenio, calle y corazón.

En esta entrevista, el ‘Chato’—como lo llama el público con cariño— repasa su historia: la gloria, el olvido, la risa, el precio del éxito y los aplausos que aún lo sostienen. A los 60 años de carrera, su comedia es también una manera de seguir de pie, riéndose de la vida antes de que ella se ría de él.

Yo no cuento chistes, cuento mi vida... solo que la gente se ríe”, dice, con ese desparpajo que lo hace inconfundible.

Miguel Barraza celebra 60 años de trayectoria artística con un espectáculo en el que congregará a grandes músicos y comediantes peruanos. (Fotos: Julio Reaño/@photo.gec)
Miguel Barraza celebra 60 años de trayectoria artística con un espectáculo en el que congregará a grandes músicos y comediantes peruanos. (Fotos: Julio Reaño/@photo.gec)
/ Julio Reaño

Años musicales

Pero antes de dominar el arte de la risa, Miguelito incursionó en la música. Su historia en el escenario comenzó con una ranchera, no con un chiste. Cantaba en las actuaciones del colegio temas de Pedro Infante y, en 1964, a los 17 años, se unió al grupo Los Flyer’s.

Éramos muchachos de distintos orígenes. Grabamos un solo disco, pero llegó al primer lugar del ranking de 11:60. Le ganamos a Elvis Presley y a Paul Anka. Fue un orgullo enorme”, recuerda.

El grupo Los Flyer’s se disolvió y, poco después, la comicidad llegó a su vida por casualidad, sin ensayo ni libreto.

Jugaba fútbol con una pelota de trapo en la esquina de mi barrio —recuerda—. Mientras bromeaba e imitaba a mis amigos, todos reían. Un día, alguien le avisó a Augusto Ferrando que había un chiquillo haciendo reír a medio Magdalena. Vino, se estacionó y me observó. Luego me llamó y me dijo: ‘Deja de estudiar periodismo, te vas a morir de hambre. Te doy 100 soles diarios si imitas a Jerry Lewis’. Así empezó todo”, cuenta.

Entre risas y cámaras

De las esquinas de Magdalena del Mar pasó a los estudios de televisión. Tras ganar un concurso en “Trampolín a la fama”, fue convocado para “Usted es el juez”, junto al recordado Pablo de Madalengoitia. Poco después llegó la llamada que jamás olvidaría: el gran cómico argentino Pepe Biondi quería trabajar con él. “Casi me desmayo”, recuerda Miguelito entre risas.

La televisión pronto se convirtió en su segundo hogar. Llegaron programas como “Risas y Salsa”, “Los astros de la risa”, “Risas de América” y “El wasap de JB”, donde consolidó su lugar como uno de los grandes humoristas del país.

Con el paso del tiempo, la televisión cambió de rostro. Nuevos formatos, nuevos nombres, nuevas formas de hacer reír.

Yo no dejé la televisión, la televisión cambió. Llegó gente nueva, y eso es parte de la vida. Igual que en el fútbol: antes había cracks, ahora todo es plata. Claro que fue difícil. Uno se acostumbra a las cámaras, al público, a esa energía. Pero no pierdo la esperanza de volver con mi programa propio: ‘El show de Miguelito Barraza’. Algo como ‘Risas y Salsa’”, señala.

Versos y cicatrices

Detrás del humor, también habitaba un poeta. Miguelito Barraza escribía versos, no para la fama, sino para aliviar el alma y cortejar. “Sí, escribía poemas —dice—. Pero mi musa no fue Susy Díaz, como muchos creen. Fue Cecilia Bracamonte. Cuando la vi cantar en ‘El hit de la una’ me enamoré de su voz... y de su sonrisa. La sonrisa de una mujer es lo máximo. Le escribí un verso y fui a su casa en Breña a recitárselo. Pero quien abrió la puerta fue Augusto Polo Campos”, cuenta entre carcajadas.

La risa, sin embargo, no siempre lo acompañó. A lo largo de su vida ha sufrido tres infartos cerebrales y un cáncer de próstata. “Ya me voy al cuarto —dice bromeando—, al cuarto infarto. A veces me olvido de algunas cosas, como pagar mis cuentas”, bromea. Luego, se pone serio: “La que me salvó fue Violeta, mi representante, mi amor, mi todo”.

La sombra del alcohol

Pero también hubo un enemigo silencioso: el alcohol. “Sí, me trajo problemas —admite—. Me volví irresponsable. Un día no fui al programa de Augusto Ferrando porque estaba tomando.Y él, en lugar de despedirme, me dijo que todos cometemos errores, pero que no lo repitiera”.

Durante años, la bebida fue su sombra. “A veces iba picadito, pero borracho nunca más porque es faltarle el respeto al público”, dice con firmeza. Sin embargo, recuerda con pesar un episodio que lo marcó: su aparición ebrio en el avant premiere de su película “El pequeño seductor” (2015).

El director me insistió en tomar un trago porque era temprano. Al principio le dije que no porque había ido con mi hermana, pero después de dos vasos me piqué y no paré. No debí aceptar. Me porté mal. Pedí disculpas al público y a mi hermana”. Tras una pausa, señala: "Ahora ya no tomo. Salí de ese problema con fuerza de voluntad… y con el apoyo de mi pareja. Ella me salvó”.

Detrás del humor, también habitaba un poeta. Miguelito Barraza escribía versos, no para la fama, sino para aliviar el alma. (Fotos: Julio Reaño/@photo.gec)
Detrás del humor, también habitaba un poeta. Miguelito Barraza escribía versos, no para la fama, sino para aliviar el alma. (Fotos: Julio Reaño/@photo.gec)
/ Julio Reaño

La política también tocó alguna vez la puerta del ‘Chato’ Barraza, pero él nunca abrió. “Sí —admite—, pero a mí no me gusta la política. Soy apolítico, aunque admiraba mucho a Víctor Raúl Haya de la Torre porque tenía un verbo florido. Mi papá me llevaba a escucharlo”.

A Miguelito Barraza nunca lo sedujo el poder ni los discursos; su terreno fue siempre el escenario, no el Congreso. Aun así, observa con atención a quienes, desde el humor o la televisión, se acercan a la política.

Hay que tener cultura, sobre todo cultura política —dice con firmeza—. No es por ofenderla, pero la señora Polo Díaz, ¿qué puede saber de política? En cambio, Carlos Álvarez, sí. Él siempre lanza mensajes políticos en sus imitaciones, en sus monólogos. Es un tipo informado, preparado. Hasta podría votar por él, porque al menos nos ayudaría a los artistas, que estamos olvidados”.

A los 76 años, Miguelito Barraza se mira en el espejo del tiempo con gratitud y aún sueña con volver a la televisión.

Quiero tener mi propio programa y dirigirlo yo mismo. Me encanta crear, improvisar, hacer reír con lo simple, con lo nuestro. Quiero morir en el escenario, acabar mi última escena diciendo: ‘Muchachos, ya cumplí… se cierra el telón’”.

Además…

Miguel Barraza celebra sus 30 años de vida artística este jueves 20 de noviembre en Bianca de Barraco. Las entradas están a la venta en Teleticket.

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