
Escucha la noticia

28 de Julio: un breve recorrido histórico por los mensajes presidenciales en Fiestas Patrias |FOTOS
Resumen generado por Inteligencia Artificial
Accede a esta función exclusiva
Resume las noticias y mantente informado sin interrupciones.
El Mensaje a la Nación es una tradición republicana muy arraigada, donde el jefe de Estado de turno, con la banda presidencial cruzándole el pecho, sube al estrado del Congreso de la República para rendir cuentas y, sobre todo, trazar el rumbo de la nación, que siempre se debate entre la esperanza y la decepción. Desde la década de 1940 hasta finales del siglo XX, El Comercio ha registrado este suceso de la política nacional. Un ejercicio de la memoria que nos permite volver a esos momentos excepcionales, en los que la retórica presidencial ha moldeado el destino de un Perú aún convulso y cambiante.
José Luis Bustamante y Rivero: La Constitución como faro (1945-1948)
Newsletter exclusivo para suscriptores

Gisella Salmón selecciona notas exclusivas con un enfoque especializado, cada lunes.
Imaginemos el ambiente de 1945. La Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin, y en el Perú, el jurista José Luis Bustamante y Rivero asumía la presidencia en medio de un clima de optimismo democrático. Sus mensajes del 28 de julio, impregnados de un profundo respeto por la legalidad, resonaban en un país ávido de estabilidad. El Comercio de la época destacaba su llamado constante a la concordia y a la primacía del Estado de Derecho.
LEE TAMBIÉN: Fiestas Patrias: ¿Por qué no se celebraron los 28 de julio en los primeros años de la república?

No eran tiempos para grandes promesas populistas, sino para afianzar las bases de una institucionalidad frágil. Bustamante y Rivero, con su oratoria pausada y su argumentación jurídica impecable, buscaba en sus discursos un equilibrio entre la libertad y el orden, consciente de las tensiones políticas que bullían bajo la superficie. Sus palabras eran un recordatorio constante de que la Constitución, y no los vaivenes políticos, debía ser la brújula del Perú.
Manuel Prado Ugarteche: entre la modernidad y la tradición (1939-1945 y 1956-1962)
Saltamos unos años para encontrarnos con Manuel Prado Ugarteche, un presidente que encarnó dos momentos distintos de la historia peruana. En su primer gobierno (1939-1945), sus discursos del 28 de julio se tiñeron del pragmatismo que exigía la contienda mundial, enfocándose en la defensa nacional y en la estabilidad económica. El diario Decano resaltó entonces su visión de un Perú inserto en el contexto internacional, capaz de afrontar los desafíos globales.
MIRA ADEMÁS: Fiestas Patrias: el sesquicentenario de 1971 y cómo fue la proclama en las cuatro plazas de Lima elegidas por San Martín

Ya en su segundo mandato (1956-1962), Prado se presentó con un discurso más volcado hacia la modernización y la apertura política. Sus mensajes hablaban de progreso, de inversión extranjera y de un incipiente desarrollo industrial. La crónica periodística de aquellos años lo retrata como un orador con dotes para la diplomacia, capaz de equilibrar el conservadurismo de la élite con las nuevas demandas sociales que empezaban a emerger. Sus 28 de julio eran una mezcla de cortesía política y llamados a la unidad nacional para impulsar el crecimiento.
Fernando Belaunde Terry: El arquitecto de los sueños (1963-1968 y 1980-1985)
Cuando Fernando Belaunde Terry tomó la palabra un 28 de julio, lo hizo con la pasión de un visionario. Su oratoria, vehemente y cargada de optimismo, era un torrente de ideas sobre el desarrollo de la infraestructura y la conquista del territorio. En la década de 1960, sus discursos resonaban con la promesa de “la conquista del Perú por los peruanos”, con proyectos como la Carretera Marginal de la Selva como estandarte. El Comercio no dudaba en destacar su elocuencia y su capacidad para inspirar.
SEPA TAMBIÉN: La toma de los diarios: 50 años después | FOTOS

Tras el paréntesis militar, Belaunde regresó al poder en 1980, con un Perú muy distinto y golpeado por la crisis y la violencia subversiva. Sus mensajes del 28 de julio en esta segunda etapa tuvieron un tono más sobrio, pero no menos idealista. Se enfocó en la restitución democrática y en la lucha contra el terrorismo, sin abandonar su visión desarrollista. Sus palabras eran un constante recordatorio de la necesidad de reconstruir el país, ladrillo a ladrillo, con fe en el futuro y en el esfuerzo colectivo.
Alan García Pérez: La promesa de rebelión y el desafío (1985-1990 y 2006-2011)
Pocos presidentes han desatado tantas pasiones y expectación como el aprista Alan García Pérez. Sus primeros discursos del 28 de julio, a mediados de los años 80, fueron un verdadero torbellino de oratoria. Con su juventud, su verbo encendido y su propuesta socialdemócrata, García conectó de inmediato con una ciudadanía agotada. El diario Decano documentó ampliamente la euforia inicial que generaron sus mensajes, llenos de promesas audaces, como el "control heterodoxo" de la economía o el intento de nacionalizar la banca. Sus 28 de julio eran una performance política, un intento de movilizar a la nación con la fuerza de su palabra.
MÁS INFORMACIÓN: Primeros casos de dobles presidentes en el Perú

Sin embargo, la historia fue implacable. Los problemas económicos y el recrudecimiento del terrorismo marcaron el devenir de su primer gobierno. Sus discursos de los años siguientes, sin perder su brillantez, fueron un reflejo de las crecientes dificultades. Años después, en su segundo mandato (2006-2011), García, ya más curtido, ofreció discursos del 28 de julio con un tono más pragmático, enfocado en el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, buscando la reivindicación de su figura ante la historia.
Alberto Fujimori: El ingeniero y el shock económico (1990-2000)
El 28 de julio de 1990 marcó el inicio de una era radicalmente distinta con la asunción de Alberto Fujimori. Sus primeros mensajes a la Nación fueron un preludio del "shock" económico que se avecinaba. Lejos de la elocuencia de sus predecesores, Fujimori se presentaba como un "ingeniero“, pragmático y directo. Sus discursos, despojados de grandes florituras retóricas, se centraron en la estabilidad económica, la lucha contra el terrorismo y la implementación de reformas estructurales.
LEE TAMBIÉN: Golpes de Estado: la historia de los quiebres de la democracia en el Perú | FOTOS

Tras el autogolpe del 5 de abril de 1992, sus 28 de julio adoptaron un tono más autoritario, justificando las medidas excepcionales con la necesidad de garantizar la paz y el desarrollo. El Comercio y otros medios registraron cómo sus mensajes se volcaron hacia los logros en la pacificación y la estabilización macroeconómica, presentándolos como el sustento de su legitimidad. Sus discursos, a menudo fríos y calculados, buscaban proyectar una imagen de eficiencia y control, marcando un quiebre definitivo con el estilo de sus antecesores. Pero las denuncias por corrupción e infracción de los derechos humanos, acabaron derrumbando a su régimen, hasta provocar su renuncia a la investidura presidencial.
Los discursos presidenciales del 28 de julio, más allá del protocolo y la pompa, han sido jornadas para la reflexión. Con sus aciertos y errores, estos discursos nos aproximaron a lo que ocurrió durante esos años; eran una manera de tomar el pulso al país que, cada año, renovaba su fe en el futuro, esperando siempre que las “palabras presidenciales” de cada año no sean solo autobombos, exageraciones o media verdades.











