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Foto del autor: Rodrigo Bedoya

Rodrigo Bedoya

"Toy Story 3": la mejor aventura

“Toy Story 3” es una gran película. Lo es porque crea un lenguaje animado único, que no se basa en el chiste fácil o chascarrillo. Uno de los grandes males del cine de animación de hoy es crear personajes planos, que repiten sus características una y otra vez con la intención de ir creando humor. toy-story-3-walt-disney.jpg

Quizá sea por eso que Pixar es lo mejor que le pudo haber pasado al cine de animación. Porque sus películas permiten que sus personajes vayan creciendo, desarrollándose, haciéndose extrañamente humanos. Una humanidad que se siente en sus relaciones y en cómo estas se van desarrollando, pero también en la aventura.

“Toy Story 3” es una película sobre el tiempo que pasa. Sobre lo efímero. Andy se va a la universidad, y debe decidir que hacer con sus muñecos. Woody, Buzz Lightyear y el resto de los juguetes temen ser dejados de lado, por lo que llegan a un nido en el cual serán usados por los niños. Todos parecen contentos, salvo Woody, que decidirá volver donde Andy. Y los juguetes que se quedan en el nido se darán cuenta que lo que parecía tan genial en realidad no lo es tanto.

Lo interesante de “Toy Story 3” es que nunca piensa en el chiste fácil: se juega de lleno por la narración, por la aventura, por mirar siempre adelante. No hay estereotipos ni malvados llevados al extremo para hacer de ellos caricaturas (¿alguien dijo las secuelas de “Shrek”?). Aquí los juguetes malos siempre tienen un lado más obscuro y ambiguo. El humor está, claro, pero funciona justamente porque nace a partir de la narración y de la acción. El Buzz versión española es un gran chiste justamente es una consecuencia de la aventura, y no una invitación a la risa pregrabada de cualquier sitcom.

Y es justamente esa idea tan noble de hacer aventura a partir de la animación la que permite que haya momentos tan notables y emocionantes como aquel de la incineradora. O que nos emocione tanto las secuencias finales, con Andy dejando a sus juguetes y éstos entendiendo que el tiempo pasa. O que nos sorprenda la tensión que se va creando ante cada intento de escape de los protagonistas. Todo está hecho con tensión, con gracia, con respeto a una tradición narrativa que, en sus mejores exponentes, ha dado siempre buenas películas. Que existan películas como “Toy Story” emociona: no solo es la mejor manera de despedirnos de estos muñecos (con los que muchos de nosotros crecimos), sino también es la mejor manera de festejar el mejor cine.