Rolling Stones en Lima: lee un registro periodístico casi olvidado de 1969

Era enero de 1969 y en el Perú aún se respiraban aires de rock. Porque si se hablaba de rock en la Lima sesentera, se hablaba también de los Rolling Stones. Cómo no hacerlo, si la banda británica se había convertido en un éxito a nivel mundial para la época. Por ello, la juventud capitalina no podía ocultar su asombro cuando la prensa local anunció la llegada de Mick Jagger, quien además llegaba acompañado del guitarrista Keith Richards, y éste con su novia Anita Pallenberg.
La cobertura periodística de los diarios El Comercio y La Prensa resultó entonces insuficiente para una muchachada ávida de noticias frescas sobre sus ídolos. En aquellos años, existían revistas dedicadas a la juventud como “Cancionísima”, “Ecran” y “Ritmolandia”. Una particular edición de esta última publicación, que documenta con precisión el recorrido limeño de estos célebres músicos, fue rescatada por Andrés Tapia (del sello Repsychled Records) y contiene fotos y datos interesantes que seguramente pocos recuerdan.
MELENUDOS EXTRAVAGANTES

La revista en cuestión es una edición del 6 de febrero de 1969. El artículo no está firmado, pero registra el paso de los dos integrantes de The Rolling Stones durante su estadía en el hotel Playa Hermosa de Ancón. También da cuenta de que los músicos estaban acompañados del baterista norteamericano Anthony Foutz y del hijo del cónsul general de Perú en Londres, José Varela.
Resulta peculiar la óptica del redactor, quien los aborda directamente con preguntas sobre las drogas que consumían y con cuánta frecuencia lo hacían. Curiosamente, llama “Mickey” a Jagger, mientras describe lo “extravagantes”, “raros” y “exóticos” que le resultaban estas celebridades.
Esta es la transcripción de la crónica:
Mientras paseábamos por el hotel “Playa Hermosa” de Ancón, me preguntaba constantemente si Keith Richards y Mickey Jagger eran o no los dos fabulosos drogadictos descritos como “oprobiosos y falsos” por una revista puritana de Inglaterra.
Les miraba minuciosamente las caras, tratando de detectar alguna señal visible del vicio, pero solo pude ver a un par de muchachos informales cubiertos por una melena sedosa.
No aguanté más y les pregunté a boca de jarro qué droga usaban. Ellos no se molestaron. Miraron cansadamente, y Keith dijo: “¿Drogas?….. Hemos probado varias, pero ahora las hemos dejado definitivamente. Realmente empezamos a usarlas porque creímos que eran una forma de liberarse. Y eso es lo que uno siente al principio”.
“Uno se escapa de la realidad y se mete en un mundo de sueños, de colores fuertes y sensaciones únicas; un mundo fascinante que es, aunque irreal, un oasis entre tanta inmundicia real…. Sentir eso es muy bonito, claro. Es hermosísimo”.
“Pero después viene la depresión y, al volver a la realidad, uno se siente más desadaptado que nunca. Además, eso de la “liberación” resulta un cuento porque cualquier droga esclaviza y a la postre la persona que la usa queda menos libre que antes”.
Después de oír eso, llegué a la conclusión de que estos dos ‘Rolling Stones’ no son esos degenerados sibaritas que pueden parecer en un momento.
“Ustedes son curiosos”, dijo de pronto Mickey Jagger. “No entiendo por qué nos miran como monstruos. Fíjese en esa cara de horror de esa señora“, agregó. Refiriéndose a una vieja dama rodeada de posibles nietos que arrugaba la nariz en un gesto de sorpresa o asco.
“Que nos vestimos extravagantes, puede que sea cierto. Pero no entiendo por qué la gente deba pensar que vestirse extravagantemente es sinónimo de locura, de depravación, de homosexualidad”, dijo casi sonriéndose.
Su bella novia, Anita Pallenberg, regresó de la playa con una bolsa con arena que se llevó como recuerdo de Lima y Mickey la abrazó mientras le daba un beso desganado.
Reanudamos el paso, acompañados de Anthony Foutz, el baterista norteamericano que los acompañaba, y de José Varela, hijo del cónsul general del Perú en Londres.
Keith y Mickey pateaban piedrecitas o chapas de Coca-Cola al andar y las miradas se avalanzaban sobre ellos. Eran miradas filudas, escudriñadoras, moralistas, prejuiciosas.
Aunque no se registra en la crónica, es conocida la anécdota de los británicos con el grupo de rock peruano The Mad’s, quienes se encontraban tocando en el lujoso balneario. Los nacionales fueron aplaudidos tanto por Jagger como por Richards y —según cuenta Alex Ventura, guitarrista de la banda— Mick se acercó a decirles que “deberían ir a Inglaterra”, por lo que les dio el contacto de su entonces manager Marshall Chess para que se pongan en contacto con él.
Y así nacía otra leyenda, aunque no estamos seguros si Jagger supo de ella…
***N. de R.: Este artículo fue originalmente publicado en la revista Dedo Medio.

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