La semana que termina da cuenta de un repunte importante en la volatilidad en el precio de los activos de los principales referentes del mercado global. Esto como consecuencia directa de las acciones adoptadas por Trump en su empeño por reconfigurar la estructura global tanto de las manufacturas como del comercio.

Apalancado en el hecho de que el consumidor estadounidense da sustento al mercado de bienes de consumo más importante del mundo y que el dólar norteamericano sigue siendo el eje del sistema financiero global, el equipo económico de la Casa Blanca respaldó lo que tal vez es la versión más ácida de la llamada guerra comercial de Trump.

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Maro Villalobos

Siempre ha sido claro tanto para el presidente Trump como para los organismos del gobierno de EE. UU. que China -en cabeza del partido comunista (PPCh)- es su principal competidor estratégico, con lo que dejó claro que las acciones tomadas en el llamado “Día de la Liberación” imponían cargas arancelarias tanto a rivales como a aliados. Se ha conocido que Trump decidió avanzar de esta forma para generar las condiciones que permitieran acelerar acuerdos bilaterales, pese a ser conscientes de que esto supondría un aumento en la volatilidad, principalmente, en los mercados de riesgo.

En su momento, la fuerte caída en los índices accionarios, el retroceso gradual en el valor relativo del dólar y el deterioro en las perspectivas de crecimiento, fueron considerados por oficiales del gobierno como funcionales para el propósito de desintoxicación de la economía a su dependencia del gasto público, así como funcionales para el objetivo de reducir el costo de financiamiento del gobierno federal. Sin embargo, la escalda en las tensiones comerciales no solo parece estar comprometiendo la estabilidad de los mercados de apalancamiento basados en el carácter de reserva del dólar, sino que ha expuesto los altos riesgos de la estrategia arancelaria.

Para entender dichos riesgos, es preciso recordar que la balanza comercial hace parte de la cuenta corriente y esta a su vez hace parte de la balanza de pagos, junto con la llamada cuenta financiera o de capitales. En esencia, la balanza de pagos es un documento contable que registra las transacciones de una economía con el resto del mundo. Además, es necesario tener presente que, si una economía registra un déficit en balanza comercial, necesariamente tiene que registrar un superávit en la cuenta de capitales. Dicho esto, debe quedar claro que si la administración Trump busca cerrar el déficit comercial de EE. UU. entonces está dispuesto a renunciar al superávit en la cuenta financiera. En el caso de EE. UU. , el hecho más relevante tras el superávit es la demanda global de bonos del Tesoro.

Con estos elementos, debería quedar claro que si el objetivo es cerrar el déficit comercial, la secuencia lógica obliga a que el gobierno federal ajuste de manera drástica el desbalance fiscal. Y es precisamente este el punto que concentra la atención de los inversionistas actualmente, pues ante el fuerte repunte en las tasas de negociación de los bonos del Tesoro, el mercado se cuestiona si este es el verdadero punto débil de la estrategia de Trump, y si se está comprometiendo el rol del dólar en el sistema financiero internacional.

Diego Camacho Economista internacional de Credicorp Capital

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