Escucho con frecuencia a colegas expertos en gestión de talento hablar sobre lo costoso que puede ser equivocarse al contratar a un gerente general. El cálculo es claro: un mal líder puede hacerle perder a una empresa más de un año en crecimiento, resultados, cultura y motivación. Pero si ese es el impacto en una organización, el error en elegir mal a quien lidera un país no se mide en trimestres ni en cifras, sino en décadas de retroceso y oportunidades desperdiciadas.