Ha pasado poco más de una década desde que el Perú fuera considerado un “milagro económico”. Aquella estela de crecimiento que rondaba el 5% anual y que ayudó a que la pobreza disminuyera desde niveles cercanos al 60%, se ha esfumado. Así, desde el 2012 el país se ha ido internando en un túnel de incertidumbre y descomposición institucional que penetra las fibras más internas de la sociedad. Con ello, la amplia “ventana” a la prosperidad que los peruanos veíamos antes con tangible esperanza, hoy se ha hecho diminuta. Las perspectivas de crecimiento económico no han parado de reducirse apuntando a ubicarse por debajo del 2%, sin claros visos de corrección.

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