La semana pasada, hubo un gran escándalo en la redes en EE.UU. luego de que el gerente general de una de las grandes empresas de tecnología anunciara la salida de 1.800 personas de la compañía. Y no fue el anuncio de los despidos –muy comunes en ese sector en ese país en los últimos años– ni el número de personas involucradas lo que generó la avalancha de comentarios negativos, sino lo que dijo: alegremente explicó que 1.050 de las 1.800 personas que saldrían lo harían por no cumplir las expectativas de productividad o por bajo rendimiento. Así, de un plumazo les destruyó la reputación profesional. ¿Quién querrá contratar luego a alguien despedido públicamente en esos términos?

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