Los traficantes de tierras deciden hoy, en el Perú, cómo crecen las ciudades. Obligan a las familias que necesitan un techo a pagar en efectivo y sin comprobante de pago por un pedazo de tierra robada, sin agua, desagüe, luz ni título de propiedad. Así, las condenan a vivir en la miseria durante unos 15 años, hasta que reciben los servicios públicos.

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