Por Enrique Planas

Los conejos tienen problemas de seguridad porque son presas. Viven a merced de los depredadores. Sin embargo, en la Gran Madriguera, han ido gestionando este peligro con un relativo éxito. Aun así, el poder sabe que es necesario exacerbar la obsesión social por la seguridad para mantener el control político. En la gran madriguera se respira ansiedad. La acelerada sociedad “conejil” ha llegado a un punto de inflexión: su líder ha cumplido con todas sus promesas de campaña y ha llevado a los conejos a una aparente utopía social. No obstante, la población de roedores es incapaz de soportar aquella felicidad estática. Se avecina una crisis que detonará en una cruenta guerra contra los topos.

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