
Una visión apocalíptica se apodera de un cineasta veinteañero. Una misteriosa epidemia arrasa en una Lima cada vez más desolada. Una estética austera y desdramatizada apunta a la atemporalidad, e incluso a la abstracción, como si Lima se desvaneciera. En ese contexto terminal, un limpiador encuentra a un niño. El lazo entre ellos sobrevive. La película lleva el título de “El limpiador”, cuya distopía transmite una expresividad desconcertante. El joven cineasta se llama Adrián Saba.
Han pasado tres años desde el estreno en salas comerciales de “El limpiador”, que logró participar en festivales de peso como el de San Sebastián. Este 2016, Saba presentará su segundo largometraje, “El soñador”. Y su primera exhibición tendrá lugar en el Festival de Berlín, que comenzará el 11 de febrero. Lo hará en la sección Generation, enfocada en obras vinculadas con el mundo de los adolescentes.
A semejanza de “El limpiador”, hay en “El soñador” un contexto agobiante. En él, Sebastián (Gustavo Borjas), junto a una pandilla, se infiltra en depó- sitos para robar y recurre a la fantasía para huir del gris presente (“Es como alguien que sueña despierto, un ‘daydreamer’”, acota Saba). Los límites entre realidad y fugas oníricas se vuelven difusos. Y otra puerta de escape se abrirá cuando el callado protagonista (su apodo es Chaplin) conozca a Emilia (Elisa Tenaud). Surge así una historia de amor imposible.
CINE PARA UN DESTINO
Pese a que “El limpiador” y “El soñador” ofrecen estéticas distintas, Saba reconoce que están hermanadas por otro punto en común: las ansias de encontrar o forjar un destino propio y lidiar con los obstáculos del camino. Se trata acaso de relatos que pueden conectarse con la persistencia de Saba por labrar una carrera de director y ser fiel a su vocación.
¿Por qué el cine? Saba acota: “Creo que hacer cine va más allá de ver cine. Crecí en un ambiente artístico y durante mi niñez quise ser varias cosas: actor, pintor, escritor, músico, etc. La única profesión que se salía del cuadro era ser entrenador de delfines, pero creo que eso fue porque vi ‘Flipper’ y ‘Liberen a Willy’. Al final me di cuenta de que el cine unía todas las artes y que ahí es donde me sentía más cómodo”
Se trata de una vocación de retos constantes. El rodaje de “El soñador” tuvo una alta exigencia física y se realizó en Lima, Callao, Ica, Junín y Arequipa, con el fin de darle veracidad a las tomas oníricas. Hubo incursiones en los nevados de Ticlio que bordean los 5.000 m.s.n.m., sumersiones en las aguas de una piscina de clavados, recorridos en las pampas de Junín, entre otras demandas. Un esfuerzo que ha sido compensado con la inclusión de la cinta en la Berlinale. Expectantes, Saba, Tenaud, Borjas y otros miembros del equipo pronto viajarán hacia Alemania.
EL DATO
El tercer largometraje de Adrián Saba, “La erección de Toribio Bardelli”, se filmará en el 2017.