Resumen

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A la izquierda, el póster del documental dedicado a Leonard Cohen y Marianne Ihlen disponible en Netflix. A la derecha, el cantante en una de sus últimas apariciones públicas antes de su fallecimiento. Fotos: BBC/ Joel Saget para AFP.
A la izquierda, el póster del documental dedicado a Leonard Cohen y Marianne Ihlen disponible en Netflix. A la derecha, el cantante en una de sus últimas apariciones públicas antes de su fallecimiento. Fotos: BBC/ Joel Saget para AFP.
Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

En los años 60, Hidra, una pequeña isla griega ubicada en el Mar Egeo, era un refugio para todos aquellos que se sintieran hastiados del mundo. Un lugar perfecto para anónimos artistas en ciernes, hippies en busca de un viaje impensado, soñadores fugitivos de las exigencias rutinarias de la vida “normal”. Exactamente al inicio de esa década Leonard Cohen, un muchacho de 25 años, nacido en Westmount, Montreal, que por entonces dedicaba sus días a la poesía, puso por primera vez sus pies en ese pedacito de tierra en el que amanecía y anochecía de modos y colores distintos al resto del planeta, con otra música de fondo y con las olas remojando sus descalzos sueños. Hidra era entonces el paraíso hedonista de aguas turquesas en el que anhelaba vivir cualquier aspirante a creador o, sencillamente, alguien que no quería que lo interrumpieran viviendo a plenitud il dolce far niente.

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