
Son días duros para los europeos. De pronto, Estados Unidos, el aliado que les había servido de escudo y contención en los últimos 80 años, les sacó la alfombra de un tirón. Ahora, mientras intentan recomponerse del golpe aún se preguntan qué fue lo que pasó, por qué sucedió y si ya se han quedado solos en la ecuación.
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No solo han sido ignorados en las negociaciones que, por su cuenta, inició Donald Trump con Vladimir Putin para resolver la guerra en Ucrania, un conflicto del que depende el futuro de Europa y que cambiará el tablero geopolítico global, sino que les han dicho sin anestesia que no saben gestionar, que son débiles y que, encima, son antidemocráticos. Un golpe directo al corazón y orgullo de los valores europeos.
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Francisco Sanz analiza cómo los eventos internacionales transforman el mundo, cada martes.
Después de lo ocurrido en las últimas dos semanas, la alianza de las potencias occidentales que se cimentó después de la Segunda Guerra Mundial parecería desvanecerse, o en realidad, reconfigurarse hacia un nuevo orden mundial.
Desde que Trump regresó a la Casa Blanca, no ha descansado en mostrar que ha vuelto más que recargado de nunca: la amenaza de aranceles hacia casi cualquier país, el endurecimiento de las políticas anti inmigratorias, el abandono de políticas ambientales y sus polémicas propuestas de ‘despalestinizar’ Gaza para convertirla en un resort de verano en el Medio Oriente, además de sus afanes expansionistas de controlar Groenlandia y el Canal de Panamá, solo para nombrar algunas.
Pero había un gran asunto pendiente: la guerra en Ucrania, un conflicto sin solución desde hace casi tres años y que continúa en un desesperante período de estancamiento.
“No se trata solo de un ataque a la Unión Europea (UE) sino al orden internacional liberal construido después de 1945. Estamos entrando a una nueva época donde no existen las líneas rojas y en donde todas las vías que se habían construido internacionalmente para resolver los conflictos a través del multilateralismo ha saltado por los aires”, señala a El Comercio Steven Forti, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Para la administración Trump, la UE es ahora un adversario”, agrega.
La llamada de Trump a Putin vino con una serie de mensajes contundentes hacia la Unión Europea. Pete Hegseth, el nuevo secretario de Defensa, estuvo hace dos semanas en Bruselas, en una reunión de la OTAN, y señaló que la adhesión de Ucrania a la alianza atlántica era “poco realista” así como la recuperación del territorio que ha perdido ante Rusia y que la seguridad militar de Ucrania debe depender de los europeos.

Días después, el vicepresidente J.D. Vance dio en Múnich un discurso desafiante y le dijo a los líderes europeos que la amenaza de Europa no está en Rusia o China, “sino en la amenaza interna”, cuestionando los valores liberales europeos y avalando a los partidos de extrema derecha que cada vez son más populares en el continente.
- 5% del PBI en gastos de defensa es lo que exige Estados Unidos a los países miembros de la OTAN.
- 3,4% del PBI es lo que invierte EE.UU. en la OTAN, mientras que Alemania solo gasta el 1,5% y Francia el 2,1%.
A esto siguió la reunión en Riad, Arabia Saudí, entre funcionarios estadounidenses y rusos y donde no hubo silla para Europa ni para Ucrania, el directo interesado.
Para no quedar tan descolocados, el presidente francés Emmanuel Macron convocó a una reunión en París con los líderes de 11 países europeos, que incluyó a Alemania, España e Italia (Meloni fue a regañadientes pues se sabe la afinidad que tiene con Trump y la poca química que tiene con Macron) para discutir los pasos a seguir. Pero de la reunión no salió ningún acuerdo sino afloraron las divisiones en el continente sobre la militarización y el despliegue de tropas. Macron ha abogado desde hace años por un ejército netamente europeo para ya dejar de depender de Estados Unidos, pero la UE es un bloque de varias velocidades e intereses [con diferentes economías y una megaburocracia], y asuntos tan delicados no se pueden resolver a ‘velocidad Trump’.
“En Europa ahora hay una falta de liderazgo. El único líder que se vislumbra es Macron, pero tiene varios problemas dentro de su país. Y el canciller alemán Scholz no ha dado la talla tras la salida de Angela Merkel”, explica Francesco Tucci, internacionalista y docente de la UPC y la PUCP.
Alineamiento ideológico
Pero lo que ha ocurrido estas semanas no muestra necesariamente que Estados Unidos ya no esté interesado en Europa. Lo que ya no quiere es coordinar con gobiernos progresistas, y más bien alentar a los partidos de extrema derecha, como AfD en Alemania o Agrupación Nacional en Francia. Por eso, también vinieron los comentarios de Vance al hablar específicamente de las elecciones alemanas de este domingo, un asunto que fue calificado de “inaceptable injerencia” por Olaf Scholz.
Sin duda, se trata de un remezón en el escenario mundial. “La relación no está rota, pero sí está quebrada. Y esto está muy influenciado por el pensamiento de extrema derecha en Europa y EE.UU. Esa sintonía ideológica hace difícil que la UE tenga una acción coordinada, porque estos líderes se van a resistir a mayores sanciones a Putin y van a ver con buenos ojos el acercamiento”, explica el periodista Ramiro Escobar, analista internacional y profesor de la PUCP.

Como señala Farah Stockman, columnista de “the New York Times”, “la administración Trump está promoviendo partidos políticos no liberales y prorrusos en toda Europa que podrían socavar el proyecto europeo desde dentro”.
Forti va en la misma línea: “Buscan debilitar el proyecto europeo. Lo que tiene que hacer la UE es plantarse firmemente frente a la destrucción de las reglas del juego. Como ha repetido el ex presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, las instituciones europeas tienen que hacer algo rápidamente, pues el riesgo está en que la UE se convertirá en irrelevante”.
El investigador italiano agrega que el bloque comunitario tiene que dar pasos adelante para una mayor integración política. “No se pueden tomar todas las decisiones con unanimidad, tienen que saber construir una estrategia a largo plazo para obtener una autonomía estratégica en un mundo que está cambiando, donde el multilateralismo se ha debilitado. La UE debe tener estrategias propias en el campo de la industria, de las nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial. Es un reto enorme”.
Un nuevo orden mundial
Los comunicados de la Comisión Europea -el órgano ejecutivo de la UE- y de su presidenta, Ursula von der Leyen, no cesan de repetir que “no puede haber una solución para Ucrania sin la implicación de Ucrania ni de la UE, porque la seguridad de Ucrania es la seguridad de la Unión Europea”.
Pero Trump tiene otra idea. El presidente de EE.UU. quiere ser recordado como el presidente que terminó con una guerra que parecía entrampada y, sobre todo, quiere pasar la página de Ucrania dejando a los europeos a cargo de su propia seguridad para poder enfocarse en su verdadera obsesión: China.










