
Escucha la noticia

Accede a esta función exclusiva
Resume las noticias y mantente informado sin interrupciones.
Desde que volvió a la Casa Blanca en enero, el presidente Donald Trump ha redoblado sus ataques contra la prensa con críticas feroces, insultos y, sobre todo, más restricciones. El mandatario, que en su primer gobierno acusó al periodismo de ser “enemigo del pueblo estadounidense”, esta vez apuesta por limitar el acceso a las conferencias, las fuentes y presionar a cientos de corresponsales veteranos a aceptar nuevas reglas con las que no están de acuerdo. Una estrategia que esta semana sumó una nueva batalla judicial con una demanda interpuesta por “The New York Times”.
El episodio de tensión más reciente se centra en las nuevas medidas restrictivas a la prensa ordenadas por el Pentágono. Rebautizado hace unas semanas como Departamento de Guerra, el gabinete a cargo del Ejército de Estados Unidos endureció el reglamento para los medios de comunicación que quieran visitar sus instalaciones y acceder a su información.
Newsletter Vuelta al Mundo

Además de establecer estrictas limitaciones de acceso físico a las instalaciones y al uso de fuentes, la nueva normativa -presentada en un formulario de 21 páginas el 6 de octubre- pide a los periodistas acreditados no solicitar ni publicar ciertas informaciones sin autorización de los funcionarios del Pentágono, bajo el riesgo de perder su acreditación.
Los medios tenían hasta el 16 de octubre para firmar el reglamento, pero la masiva negativa de los periodistas hizo que la mayoría de los corresponsales de grandes medios estadounidenses y extranjeros perdieran las credenciales para hacer su trabajo en el Pentágono. Muchos de ellos tenían más de 30 años de carrera y forman parte de las filas de medios como “The Washington Post”, “The New York Times”, CNN, CBS, FoxNews, ABC y agencias como EFE, Reuters y AP.
Se trata de un golpe significativo para la prensa en momentos en que el Pentágono tiene un papel protagónico en la política exterior de Trump, especialmente con la amplia estrategia militar que el gobierno ha desplegado para aumentar la presión sobre el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. De hecho, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, está bajo fuerte escrutinio por los letales ataques a embarcaciones en el Caribe.
La medida se consumó el martes 2, cuando se realizó la primera sesión informativa ofrecida por el Pentágono desde que retirara el acceso a la gran mayoría de medios. Aquel día, influencers, blogueros y reporteros de nuevos medios ocuparon la sala de prensa del organismo. Entre los nuevos corresponsales se encuentran la polémica Laura Loomer, el excongresista republicano Matt Gaetz y Lance Johnston, miembro de la organización de derecha ‘Fearless Media’.
Varios de los nuevos acreditados se jactaron en redes sociales de que “ahora les pertenecían” los escritorios donde trabajaron periodistas veteranos. “Washington Post, se siente bien estar sentado en tu antiguo escritorio en el Pentágono. Diviértanse fuera”, escribió Johnston en X.
“Viola la Primera Enmienda”
Dos días después de esa conferencia de prensa, el diario “The New York Times” acusó al Pentágono ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Washington por “infringir los derechos constitucionales de los periodistas”, lo cual aseguró que viola la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, la cual garantiza la libertad de prensa y de expresión.
En la demanda, el medio señala que la nueva política hacia la prensa “busca restringir la capacidad de los periodistas de hacer lo que los periodistas siempre han hecho: hacer preguntas a los empleados del gobierno y reunir información para informar historias que llevan al público más allá de los pronunciamientos oficiales”.
El diario neoyorquino pide al tribunal que emita una orden que impida al Pentágono aplicar dicha política de prensa y que se emita una declaración de que las disposiciones relativas al ejercicio de los derechos de la Primera Enmienda son contrarias a la ley.

“The New York Times” también destaca que las normas representan un cambio radical con respecto a las anteriores, aunque van en línea con la política de Hegseth de “restringir el acceso y los privilegios del cuerpo de prensa del Pentágono”.
Según recuerda la agencia AFP, a inicios de año, el Pentágono excluyó de sus oficinas a ocho medios, incluidos “The New York Times”, “The Washington Post” y CNN, y restringió el acceso de periodistas dentro de sus instalaciones. También se redujo drásticamente el número de conferencias de prensa.
Choques constantes
El presidente Trump no ha ocultado su rechazo hacia los grandes medios de comunicación, lo que se ha traducido en enfrentamientos legales, varios de ellos por el acceso a edificios federales.
Uno de los más recordados ocurrió a inicios de año. The Associated Press demandó al gobierno luego de que se le prohibiera a sus reporteros y fotógrafos asistir a eventos en el Despacho Oval, donde el presidente Trump frecuentemente se dirige a los periodistas, y al avión presidencial.
Según explica el mismo medio, la disputa surge de la decisión de la agencia de noticias de no seguir la orden ejecutiva del presidente de renombrar el Golfo de México y llamarlo el Golfo de América.
The Associated Press argumentó que el gobierno no puede castigar a la agencia de noticias por ejercer su derecho a la libertad de expresión. El litigio contra esta medida continúa.










