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Estonia: Las lecciones de una potencia tecnológica [ENTREVISTA]

Estonia, una antigua república soviética a orillas del mar Báltico, es la sociedad digital más avanzada del mundo. Su ex presidente Toomas Hendrik Ilves conversó con El Comercio sobre las bases y los efectos de este logro

Estonia

Toomas Hendrik Ilves, de 64 años, es licenciado en Psicología por la Universidad de Columbia. Fue presidente de Estonientre el 2006 y el 2016.

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Toomas Hendrik Ilves llegó al Perú para participar en CADE Digital y exponer su visión sobre el rol de la educación y la tecnología en el desarrollo de un país. En la década del noventa fue el principal impulsor de la digitalización de Estonia.

Esto permitió el despegue de su economía y también trajo consigo transparencia en la gestión pública y reducción de la corrupción. Además, se implementó la e-Residency, que ha llevado a esta nación de poco más de un millón trescientos mil habitantes a ser un ejemplo de innovación y emprendimiento global.

—¿Cómo fue tu paso del sector privado al público?
No tenía intención de entrar al servicio público, pero como era uno de los pocos estonianos con conocimientos de política extranjera, cuando Estonia se hizo independiente, el presidente [elegido en 1992] me llamó y me dijo que quería que fuera embajador en Estados Unidos. Tenía que aceptar una reducción salarial de 95%, pero él me dijo que debía hacer algo por mi país. Acepté, y fue por entonces que pensé que teníamos que digitalizar el país. Se me ocurrió una propuesta para que el gobierno consiguiera que todas las escuelas estén en línea, y así me metí en eso.

—Así es como comenzó.
Sí. Y luego, en el 96, yo era el jefe de la crisis gubernamental, necesitaban un nuevo ministro de Relaciones Exteriores. Ocupé el cargo durante seis años y luego fui parlamentario europeo y vicepresidente del Comité de Relaciones Exteriores. Luego tres partidos me preguntaron si me postularía para presidente. Dije que no, pero me dijeron que no me preocupara porque de cualquier modo no iba a ganar... Y luego gané [ríe].

—Estaba viendo el crecimiento de Estonia y el Perú. Las cifras en 1997 eran casi idénticas, alrededor de US$4.000 de PPP. En el 2018, el de Estonia es US$29 mil, pero el de Perú solo US$12 mil.
1992 fue el primer año en que se pudo medir. Hoy hemos crecido enormemente, parcialmente debido a la digitalización, que calculamos da un crecimiento adicional del 12% del PBI al año en términos de tiempo ahorrado, reducción de la corrupción, reducción de la fricción.

—Aunque una cosa no excluye a la otra, ¿la idea detrás de la digitalización fue la eficiencia o el crecimiento?
Distintas personas tenían diversas ideas. La mía era que en 1992 nos acabábamos de independizar, y todas las reformas tomarían mucho tiempo. Se nos había excluido de cincuenta años de desarrollo de infraestructura. Las carreteras eran malas, la comunicación era mala. No estábamos en un campo de juego nivelado. En 1993 apareció Mosaic, el primer browser web. Lo vi y dije: “Este es el único lugar donde podemos ser tan buenos como Estados Unidos o como Alemania. En la web podemos ser mucho mejores que los países más ricos”.

—Estonia salía del comunismo. ¿Era una pizarra en blanco donde se podía comenzar a poner ideas y resolver cosas o tuvo que, como sucede en América Latina, hacer reformas sobre cosas que no funcionan?
Si se mira el mundo poscomunista, hay una gran variedad de respuestas. Bielorrusia decidió que querían permanecer soviéticos, más soviéticos que Rusia. Nosotros queríamos ser los más radicales y adoptamos lo que ustedes llamarían aquí reformas neoliberales; básicamente, privatización, restitución de la propiedad...

—Responsabilidad monetaria y fiscal, apertura al comercio...
Sí, esto permitió que la economía realmente despegara. Por supuesto, algunas personas decían que este camino era incorrecto. Pero los grandes efectos se comenzaron a ver en uno, dos, tres años. Y una década después la cosa ya se veía bastante bien.

—Estaba revisando las cifras del Foro Económico Mundial y en el 2005 ya tenían un desarrollo institucional muy bueno. Ocupaban, por ejemplo, el puesto 9 de 125 países en ‘governance compliance’. ¿Cómo pudieron hacer un ascenso tan rápido en su ecosistema institucional?
Digitalización. Así obtuvimos transparencia, reducción de la corrupción, eficiencia... Los gastos del gobierno se transparentaron. Los servicios comenzaron a funcionar de manera automática, en lugar de tener humanos de intermediarios diciendo “puedes obtener esto si me das esto otro”.

—Cuando empezaste no había nada que copiar, estaban experimentando.
Miramos mucho a Finlandia y Suecia, nuestros vecinos. La transparencia en su cultura ha sido muy importante, esa nos parecía una buena idea. En el lado de la digitalización, en realidad, estábamos y probablemente seguimos delante de ellos.

—¿Por dónde puede un país empezar el proceso de digitalización?
Primero, necesitas una identidad digital segura, con fuerza legal. Tienes que poder garantizar que eres tú, solo tú, y que puedes firmar documentos. Si haces eso, puedes construir el sistema. La otra parte es la arquitectura, cómo se conectan las diferentes bases de datos de las instituciones. Nosotros desarrollamos nuestro modelo, que está siendo copiado por varios países, entre ellos Panamá. México lo está adaptando. En el Perú han resuelto legalmente el tema de la identidad digital, pero tiene que convertirse en algo que todos tengan.

—¿Cómo se traduce esto, huellas digitales?
Necesitamos, primero, algo que ya tienes. Puede ser tu ojo, huella dactilar, pero preferimos un chip porque es más seguro. Y luego hay que tener algo más, como un número. Lo importante es que sean dos cosas diferentes, independientes, para verificar quién eres.

—Una de las cosas más impresionantes en Estonia es la e-Residency. El concepto de ser un ciudadano digital. ¿Cómo funciona?
Nos dimos cuenta de que muchos servicios requieren que el Estado sepa quién eres, pero no que vivas en ese país. Abrir una cuenta bancaria o crear una empresa, por ejemplo. Sí necesitamos saber quién eres, para que, por ejemplo, no seas un mafioso.

—¿Y puedes registrarte en línea?
Primero tienes que aparecer para que veamos quién eres, se toman tus huellas. No puedes, por ejemplo, ser un criminal. Una vez que se tiene eso, ¿por qué no podrías usar servicios como la banca? Si el Reino Unido sale de la Unión Europea, habrá muchas pequeñas empresas de ese país que quieran mantener su presencia europea, pero que no tengan cómo construir una oficina en otro país. Ahí entra la e-Residency. Otro buen ejemplo es Ucrania. Como PayPal no confía en Ucrania, pero sí en Estonia, los programadores pueden basar sus servicios legalmente en Estonia. Nosotros obtenemos los impuestos que pagan por su empresa.

—Si nos pudieras dar un atajo, algo para trabajar en el Perú, ¿qué sería?
No hay atajos, pero hay cosas que se pueden hacer ahora, especialmente con asistencia como el BID. Me refiero a invertir en que toda la población tenga un carnet de identidad digital. Si es que no hay una mayoría de gente con identidad digital que se pueda probar, ni el sector privado ni el publico sentirán que tienen que invertir en servicios. Cuando es voluntario, esto se ve en Europa, solo el 15% o el 20% de la población tendrá una tarjeta. En mi país, al principio poco más del 50% de personas tenía una identidad digital, pero esto fue suficiente para que el gobierno y el sector privado dijeran: “Bueno, ahora vamos a invertir en tener servicios digitales, así nosotros ahorramos dinero y las personas ahorran mucho tiempo”. Yo te diría que definitivamente el paso número uno es asegurarse de que todos tengan una identidad digital. Esto no es suficiente, también hay que construir el sistema, pero sí es el primer paso.

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