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El voto como puente hacia la confianza
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Recuperar la confianza ciudadana no es un lema político, es una necesidad inaplazable. Los últimos años dejaron una herida visible entre el Estado y la ciudadanía; una brecha de desafección que ha erosionado la credibilidad institucional y, con ella, la fe en la democracia. En un contexto marcado por la inseguridad, la desinformación y la fragmentación política, reconstruir esa confianza se ha convertido en una tarea impostergable.
El riesgo es evidente: que la desconfianza y el miedo silencien la voz soberana del elector, pero también hay esperanza. Escuchar genuinamente al ciudadano revela un mensaje claro: pese al desencanto, el voto sigue siendo el acto más poderoso de la vida republicana. Los peruanos saben que cuando se vota con conocimiento, se puede cambiar el rumbo del país. Por eso, el desafío no es solo organizar elecciones, sino reconectar con la ciudadanía desde la verdad, la transparencia y la empatía.
En el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) asumimos ese compromiso. En los últimos meses hemos impulsado una estrategia de apertura y escucha activa: fortalecimos la educación electoral con los facilitadores del Voto Informado desplegados en todo el país, capacitamos a periodistas para promover información veraz y consolidamos el Comité de Fact Checking junto con la red Aliados contra la Desinformación, que identifica y desmonta narrativas falsas antes de que distorsionen la voluntad ciudadana. Al mismo tiempo, hemos modernizado nuestras plataformas digitales –Plataforma Electoral, Declara+, Alerta de Afiliación Política y EleccIA– para garantizar procesos más ágiles y transparentes. Con EleccIA, nuestro sistema de inteligencia artificial, daremos un paso histórico: serán las primeras elecciones peruanas con tecnología de IA aplicada a la justicia electoral, acelerando la revisión de listas y fortaleciendo la transparencia.
Sin embargo, todo este esfuerzo requiere algo esencial: recursos suficientes, previsibles y oportunos. La democracia no se improvisa ni se sostiene con promesas, se construye con planificación y respaldo. Garantizar los recursos necesarios no es un favor al sistema electoral, sino un acto de responsabilidad del Estado con la ciudadanía. Solo así podremos asegurar elecciones transparentes, seguras y fiscalizadas, con la logística, el personal idóneo y la tecnología que exige el proceso electoral más grande de la década. Porque sin presupuesto no hay confianza, y sin confianza no hay democracia.
La confianza no se decreta, se construye con coherencia y hechos verificables. Por eso, el JNE arbitra con independencia, fiscaliza con rigor y promueve un pacto ético renovado contra la violencia y la desinformación. A través del Comité Interinstitucional para la Prevención de Conflictos Electorales, trabajamos para que la seguridad y la paz sean parte esencial de la jornada cívica.
La confianza nace cuando la ciudadanía percibe que las instituciones actúan con integridad, incluso bajo presión. De la desconfianza al compromiso y del miedo a la esperanza: ese es el camino que debemos recorrer.
A los actores políticos los invitamos a competir con firmeza y con respeto a las reglas, a los medios y a la academia a informar con responsabilidad, y a los ciudadanos, a ejercer su voto con conciencia.
El 2026 debe ser el año del reencuentro entre el Perú y su democracia. Desde el JNE reafirmamos nuestra misión: que cada voto cuente, que cada voz sea escuchada y que la confianza vuelva a ser el eje de la vida republicana.

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