Respuestas/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
La Cátedra Vargas Llosa
“Los peruanos lo hemos tenido tan presente y lo sentimos tan cercano que nos cuesta calibrar su verdadera estatura universal”.
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Director de la Cátedra Vargas Llosa
Resumen
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La Cátedra Vargas Llosa fue unos de los proyectos que, en los últimos años, más entusiasmó a Mario Vargas Llosa. Esta nació en 2011, poco después de que recibiera el premio Nobel de Literatura. Cumple varios objetivos, como fomentar la literatura, la lectura y la educación, analizar las ideas de nuestro tiempo y difundir la obra del propio Vargas Llosa.
La Cátedra Vargas Llosa fue unos de los proyectos que, en los últimos años, más entusiasmó a Mario Vargas Llosa. Esta nació en 2011, poco después de que recibiera el premio Nobel de Literatura. Cumple varios objetivos, como fomentar la literatura, la lectura y la educación, analizar las ideas de nuestro tiempo y difundir la obra del propio Vargas Llosa.
Originalmente, funcionó albergada dentro de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, un proyecto gestionado por la Universidad de Alicante y financiado por el Banco Santander. En 2019, luego de su cambio de dirección, se decidió apartarla de éste y enfrentó dos posibilidades: desaparecer o reconstituirse. El propio Mario Vargas Llosa decidió que siguiera funcionando, integrada como un proyecto independiente a la Fundación Internacional para la Libertad (FIL), que también presidía, que le da personería jurídica y soporte administrativo.
Me tocó asumir la dirección de la Cátedra en esta compleja transición, agravada por la pandemia del Covid-19. Durante los meses de confinamiento, nuestro trabajo fue eminentemente virtual. Por entonces lanzamos un espacio de charlas titulado «Diálogos Atlánticos», con escritores e intelectuales hispanoamericanos, y un programa semanal llamado «La Cátedra», que se emitió en la web del diario El Comercio y que concluyó con una entrevista donde Vargas Llosa habló de su más reciente libro: «Medio siglo con Borges».
Con la paulatina apertura de los espacios públicos, pudimos reactivar los eventos presenciales. Habiéndome tocado cubrir su entrega en Estocolmo, resultó muy emocionante que el primero fuera la celebración de los diez años del Nobel a Vargas Llosa, en el auditorio del Instituto Cervantes de Madrid. Como las medidas de distanciamiento estaban en plena vigencia, hubo que reducir el aforo y llevar mascarillas durante toda la ceremonia, que se cerró con un diálogo entre Álvaro y Mario Vargas Llosa, donde éste aseguró satisfecho que había logrado cumplir con el propósito que se había autoimpuesto al recibir el Nobel: «No me voy a convertir en una estatua».
Para ese aniversario convocamos a distintos intelectuales del mundo, a quienes pedimos que enviaran un mensaje de saludo. Fue la primera vez que pude admirar en toda su dimensión el poder de convocatoria de Vargas Llosa. Participaron escritores como Nélida Piñón, Javier Cercas o Fernando Savater, la editora Pilar Reyes, el biógrafo Gerald Martin o el fotógrafo Daniel Mordzinski quienes, junto con sus hijos Morgana, Gonzalo y Álvaro, enviaron videos donde ofrecieron su testimonio sobre el día del anuncio del Nobel y su vínculo con el escritor. Recuerdo una frase de Cercas: «Seamos sinceros: lo fácil es ganar el Nobel, lo difícil es ser Vargas Llosa».
Esa capacidad de Vargas Llosa para reunir figuras disímiles, remotas, en apariencia inalcanzables en torno a su figura, ha sido una constante en todo este tiempo. Los peruanos lo hemos tenido tan presente y lo sentimos tan cercano, que nos cuesta calibrar su verdadera estatura universal. En 2022, cuando lanzamos el festival literario «Escribidores» de Málaga, necesitábamos a una figura mundial que lo acompañara en la inauguración. La directora del Instituto Cultural Rumano me avisó que Mircea Cartarescu —permanente favorito al premio Nobel— ofrecería una charla en Madrid y me presenté. Cuando finalizó su intervención, me acerqué, le dije quién era, le propuse participar en «Escribidores» y le consulté la fecha que más le convenía. Cartarescu afiló los ojos, me puso una mano en el hombro y, en tono confesional, me dijo: «Por el señor Vargas Llosa, los 365 días del año».
Era muy emocionante el entusiasmo y la generosidad con que Mario Vargas Llosa se volcaba en cada una de sus intervenciones. El día que llegó a Málaga para inaugurar la segunda edición del festival, lo vi bajar del autobús que lo traía de la estación de trenes y le pregunté cómo estaba. Sonriente, pletórico, cargado de energía, me palmeó la espalda y, a sus 86 años, me dijo con tono juvenil: «¡En plena forma, en plena forma!» Lo demostraría ese día cuando, a auditorio lleno, dialogó con el escritor cubano Leonardo Padura, con la moderación de Marisol Schulz, directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
En estos años, con el ejemplo de excelencia y pluralidad intelectual de Vargas Llosa como guía, la Cátedra ha organizado festivales, cursos, conferencias, debates, diálogos, encuentros periodísticos y premios de cuento, relato juvenil, relato histórico y novela inédita, además de entregar becas de estudio en humanidades para alumnos de América Latina. En 2022, copiando un formato frecuente en los Estados Unidos, lanzamos una jornada anual que nos permite, con la venta de entradas y una subasta, financiar parte de nuestras actividades. Desarrollamos un intenso trabajo con las instituciones que se incorporaron al momento del nacimiento de la Cátedra o se han sumado a lo largo de los años: fundaciones, institutos culturales, ferias del libro y, sobre todo, universidades del Perú, España, México, Colombia, Chile, Ecuador, Suecia, Francia o los Estados Unidos.
La Cátedra viene desarrollando un gran esfuerzo para redoblar su presencia en el Perú, el país donde Vargas Llosa nació e hizo transcurrir la inmensa mayoría de sus ficciones. Se han iniciado contactos para reincorporar a las universidades que la abandonaron luego de su primera etapa y para sumar a otras nuevas, así como a instituciones públicas y empresas privadas que quieran participar en nuestra nutrida agenda de proyectos. Para ello, pueden contactarnos a: info@catedravargasllosa.org.
Una de la de las principales preocupaciones del propio Vargas Llosa fue la perduración de la Bienal de Novela que lleva su nombre, un gran festival que reúne a algunos de los autores más importantes de nuestro idioma y que se cierra, el día de su clausura, con la entrega del mayor premio a la novela publicada en español. De todos los eventos de la Cátedra, era su favorito. Resultaba muy emocionante ver cómo asistía religiosamente, en primera fila, a todas las charlas, cómo se relacionaba con los escritores invitados, cómo conversaba y bromeaba con todo el mundo, desde el desayuno hasta la hora de cenar. Más que homenajeado y figura capital, parecía un joven deslumbrado por cuanto ocurría a su alrededor.
La Bienal nació en la ciudad de Lima pero, luego de dos ediciones, diversas circunstancias la hicieron migrar a Guadalajara (Jalisco, México), que la alojó hasta su quinta edición, en 2023. Este año, durante el mes de octubre, ocurrirá por primera vez en España, específicamente en Extremadura, con la ciudad de Cáceres como epicentro. Será la primera Bienal póstuma y, qué duda cabe, estará dedicada a la vida, la obra y el legado de este escritor proteico que, en sus novelas, levantó un mundo de una complejidad y una autosuficiencia absolutas, y, en sus artículos y ensayos, diseccionó como pocos el arte, la cultura y la actualidad del mundo en que vivió. Ser humano irrepetible, la Cátedra que lleva el nombre de Mario Vargas Llosa trabajará porque su obra y su herencia sigan vivas, como él hubiese querido.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.









