La realidad de más de 30,000 personas afectadas por tuberculosis que deben recibir atención alimentaria, mediante canastas de alimentos, está marcada por un cotidiano desabastecimiento y largas esperas. A finales de abril, la ejecución del presupuesto para este propósito llegó a 8% (Consulta Amigable MEF). En Lima Metropolitana, 15 distritos aún no habían ejecutado un sol, y otros no han entregado canastas con presupuesto 2025, lo que representa cientos de pacientes que no reciben sus alimentos en 4 meses. Lo más dramático ocurre en municipios donde se entregan canastas hasta donde alcance, por lo que las personas hacen cola desde tempranas horas para no quedarse sin alimentos. Las dificultades que deben enfrentar las municipalidades en sus procesos de adquisición son enormes. Asimismo, mediante el actual sistema de canastas los pacientes sólo acceden a alimentos no perecibles. Sin duda, tenemos muchísimas oportunidades de mejora.
Como respuesta a esta problemática, el MIDIS en coordinación con MINSA y MEF, decidieron implementar en 5 distritos de Lima un mecanismo de tarjetas alimentarias (Ley Presupuesto 2025) buscando mayor oportunidad en la atención, acceso a una fuente variada de alimentos, con proteínas de origen animal y productos frescos, incluyendo frutas y verduras. En una intervención que pone al centro la autonomía de las personas afectadas por tuberculosis, los resultados iniciales son contundentes.
Los resultados del piloto, implementado con la asistencia técnica del Programa Mundial de Alimentos, demuestran claramente su viabilidad y alto potencial de impacto. El 100 % de las personas beneficiarias activaron sus tarjetas en menos de tres días, muchas de ellas en dos. Todas recibieron orientación nutricional presencial y seguimiento remoto personalizado, garantizando un acompañamiento integral durante el proceso.
El 96 % de las transferencias fueron efectivamente utilizadas, reflejando la rápida adaptación de los usuarios a un sistema digital y el compromiso de sus redes familiares para apoyar el ejercicio de su autonomía. De manera ejemplar, el 99.6 % del monto transferido fue destinado a la compra de alimentos saludables y apropiados para una adecuada nutrición, en línea con las recomendaciones del Ministerio de Salud.
¿Qué han comprado los pacientes con sus tarjetas? Cereales, tubérculos, menestras, carnes, huevos, pescados, productos lácteos, frutas y verduras. Además, de otros productos adecuados y variados que complementan su dieta.
¿Qué nos dicen estos datos? Primero, que el mecanismo de tarjetas funciona, y que sus resultados son buenos en términos de acceso oportuno a alimentos frescos, variados y nutritivos.
La implementación del proyecto del MIDIS nos permite ver familias normales que compran lo que más necesitan, que no necesitan tutela ni decisiones de compra de productos en manos ajenas a las suyas, ni sobre el qué ni sobre el cuánto. Segundo, que poner las decisiones de compra en manos de las personas afectadas con tuberculosis funciona, por lo que es necesario transitar a un modelo extendido de libertad de elección, bajo la única condición, basada en evidencias (Velásquez, PMA), de la adherencia al tratamiento.
“Antes me daban una canasta, y no tenía dinero para comprar un pollo o pescado, y fruta y verduras...”, comenta un usuario. Otro agrega “Puedo adquirir mejores alimentos, que antes no podía.” Estamos ante un cambio sustantivo en el acceso a productos necesarios que son muy difíciles de proveer mediante el sistema tradicional, y a los que las economías de muchas familias vulnerables de pacientes con TB no les permite acceder. Finalmente, otro usuario valora el servicio: “Me ha servido para mejorar mi estado de salud, aprender a alimentarme sanamente.”
La decisión del MIDIS, en coordinación con el MINSA y el MEF, y con la valiosa participación de las municipalidades de Ate, Lima, Jesús María, Santa Anita y San Juan de Lurigancho, de implementar este proyecto en 2025, comienza a mostrar resultados concretos.
Los pacientes vienen cumpliendo rigurosamente con su tratamiento y reciben, de manera oportuna cada mes, una transferencia monetaria a sus tarjetas destinadas exclusivamente a la compra de alimentos. A lo largo del tratamiento, estos recursos les permiten adquirir alimentos saludables, ricos en proteínas, vitaminas, minerales y fibra, con un adecuado balance energético.
Estos resultados reafirman que este mecanismo es técnicamente viable, bien recibido por la población objetivo, y una herramienta poderosa para fortalecer la adherencia al tratamiento y mejorar los resultados en salud.
Lo más trascendente, sin embargo, son las decisiones cotidianas de las personas usuarias, quienes demuestran un ejercicio vigoroso de autonomía y compromiso. Su participación constituye el núcleo de esta innovación y representa el pilar sobre el cual se fortalecen nuestros esfuerzos para avanzar hacia un país libre de tuberculosis.
No obstante, este proyecto piloto es aún un prólogo. Es imprescindible escalar su implementación en 2026, con el fin de extender sus beneficios a más de 30,000 pacientes, como parte de un desafío necesario, esperado y plenamente posible.
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