Hay un silencio inquietante que se repite cada vez que converso con adolescentes sobre política. No es apatía, es algo más profundo. Es la sensación de que el país no les habla, no los incluye, no los necesita. Escucho frases como “da igual quién gane”, “todos son iguales”. No son posturas aisladas, son síntomas de una fractura que crece. Y lo más alarmante es que parece normalizada.
Según la Encuesta Nacional de la Juventud 2021, solo el 30,2% de adolescentes de entre 15 y 17 años considera que vivir en democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Más de un 63% siente que sus opiniones no son tomadas en cuenta por las autoridades. Estas cifras no deberían dejarnos indiferentes. Revelan una desconfianza arraigada que no solo debilita nuestra democracia actual, sino que compromete su sostenibilidad futura.
A esta desconexión se suma un creciente ausentismo electoral entre los jóvenes. En las últimas elecciones, más del 25% de quienes tenían entre 18 y 24 años no fue a votar. Qué podemos esperar de una ciudadanía que se forma en la indiferencia, en el escepticismo y sobre todo en la desinformación.
Porque no basta con tener acceso a Internet para estar informados. Hoy las ‘fake news’ circulan con una rapidez y sofisticación nunca antes vista. Se manipulan imágenes, se fabrican discursos, se amplifican mentiras. Y muchos jóvenes, sin herramientas críticas para filtrar, terminan tomando decisiones o no tomándolas a partir de datos falsos o emociones inducidas.
Por eso, el pensamiento crítico no es un accesorio educativo. Es una necesidad democrática. Necesitamos formar ciudadanos capaces de contrastar fuentes, de leer entre líneas, de hacerse preguntas incómodas. La democracia no se sostiene solo con votos, sino con una ciudadanía activa, vigilante y deliberante.
En este contexto, CADE Escolar 2025, foro organizado por IPAE Acción Empresarial con el apoyo de International IDEA y la Unión Europea, es un espacio urgente y valioso. No solo convoca a estudiantes de todo el país, sino que también los invita a pensar en el Perú desde sus propias preguntas e inquietudes. Les da herramientas, pero, sobre todo, les da voz, y eso en un país donde el 63% de adolescentes siente que no la tiene ya es un acto profundamente político.
Al mismo tiempo, este encuentro busca que los participantes experimenten en la práctica los valores democráticos, aprendiendo a escucharse con respeto, a valorar la diversidad de perspectivas y a asumir la responsabilidad cívica como parte de su liderazgo. Cuando esas experiencias se vuelven parte de su formación, ayudan a cimentar una ciudadanía con más confianza en las instituciones y con mayor disposición a construir un país inclusivo.
Hoy, más que nunca, el futuro de nuestra democracia depende de la capacidad de nuestras nuevas generaciones para pensar, discernir y participar. Porque sin pensamiento crítico no hay ciudadanía y sin ciudadanía no hay democracia.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.