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La abdicación de PPK, por Juan Carlos Tafur

“Dada su renuncia empírica a gobernar, de repente sería bueno que, por un resquicio de dignidad política, se aparte de un mando que no parece ser de su interés desempeñar”.

Juan Carlos Tafur Periodista

ppk

"A un gobernante mediocre ya no se le puede exigir mucho, como no sea que al menos gobierne, que para eso fue elegido y es su responsabilidad y obligación". (Ilustración: Giovanni Tazza)

Peor que un mal gobierno es el desgobierno. Y a eso nos está conduciendo la inoperancia política de Pedro Pablo Kuczynski, quien claramente ha sido desbordado por los hechos políticos desencadenados por él mismo.  

Enfrascado en la búsqueda inútil de un Gabinete de reconciliación que no va a reconciliar a nadie con nadie, se distrae de lo que debería ser su tarea principal en estos momentos, que es siquiera tomar las riendas del Estado.  

Tiene a un Gabinete renunciado, con las manos atadas y no halla qué hacer para cubrir la meta reconciliatoria señalada, cuando de repente se le haría más fácil buscando simplemente un Gabinete de transición, de corto alcance, que le permita sobrellevar la ola crítica del presente. Y no más que eso.  

A un gobernante mediocre ya no se le puede exigir mucho, como no sea que al menos gobierne, que para eso fue elegido y es su responsabilidad y obligación.  

En estos momentos sí es factible trazar una agenda mínima de gobernabilidad, que incluya dos o tres reformas de acá al 2021 (pensar en dos o tres reformas por año con PPK en Palacio es imposible), pero para ello se necesita que el Ejecutivo restablezca algún nivel de coordinación con el Legislativo, sea directamente o a través de su bancada, que se conforme de una vez por todas el Gabinete de transición, y que se retomen algunas grandes tareas pendientes, entre ellas la de reconstrucción del norte.  

Si vamos a tener un presidente dosificando sus apariciones públicas, entre su bailecito ofensivo y la inauguración del Dakar, la política seguirá siendo tierra de nadie en estos días complicados, cuando más que nunca se requiere de liderazgo presidencial.  

PPK tiene como sus referentes políticos históricos a Belaunde y a Toledo. No es casualidad que ambos representen, respectivamente, liderazgos ausentes o erráticos, aun cuando el discípulo ha terminado por superar a sus “maestros”.  

La debilidad del Gobierno es tan grande que, ahondada por la frivolidad presidencial, cualquier mínima crisis se lo llevará de encuentro. Varios nubarrones en el horizonte: las declaraciones de Jorge Barata, alguna nueva colisión con Fuerza Popular (el fujimorismo deberá remar mucho para una nueva vacancia, pero puede censurar ministros y desaprobar proyectos de ley aun con la bancada reducida), la aparición de conflictos sociales asociados al inminente proceso electoral municipal o regional (atizados por una izquierda empoderada por el antifujimorismo revivido luego del indulto).  

Es de muy difícil pronóstico determinar si PPK va a durar hasta julio del 2021. Al paso que va, con un liderazgo menoscabado, con una actitud esquiva y una vocación por la clandestinidad política, todo apunta a imaginar un mandato recortado.  

Para muchos PPK debió renunciar cuando se descubrieron sus irregulares contactos con la empresa Odebrecht. Lo cierto es que solo fue sostenido por el temor a un escenario controlado por un fujimorismo desaforado. Pero dada su renuncia empírica a gobernar, de repente sería bueno que, por un resquicio de dignidad política, se aparte de un mando que no parece ser de su interés desempeñar.  

La del estribo: imperdible la nueva edición de la colección Artes y Tesoros del Perú que desde hace décadas publica el Banco de Crédito. En esta última ocasión el magnífico libro se dedica a Pachacámac, el Oráculo, con la participación de colaboradores de la talla de Luis Lumbreras, Luis Millones o Luis Jaime Castillo.

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