
Al haberse vencido el 12 de abril la fecha límite para aprobar las normas legales aplicables para las elecciones generales del 2026, ya no será posible reducir la cifra récord de 43 partidos con derecho de participación, cantidad que es producto de la contrarreforma generada desde el Congreso y, paradójicamente, será allí donde posteriormente deberán gestarse las normas que permitan revertir esta situación.
Hubiese sido sensato que, frente al próximo proceso electoral, se hubiesen replanteado las normas que regulan los mecanismos de exclusión de organizaciones políticas de nuestro sistema partidista, de modo tal que culminadas las elecciones generales, debería haberse dispuesto la cancelación inmediata de los partidos que no superaron la valla electoral y no permitir su participación en las elecciones regionales y municipales del próximo año, lo que no ocurrió; con igual objetivo, deberán aprobarse medidas que aseguren que los partidos sean instituciones activas y no simples maquinarias electorales que se ponen en marcha únicamente antes de una elección.
En este sentido, debería restituirse la derogada disposición que permitía al JNE fiscalizar la existencia y funcionamiento de los comités partidistas en el ámbito nacional y suspender la inscripción de los partidos cuyos comités no se encontrasen en funcionamiento.
De otro lado, las alianzas constituyen un mecanismo que podría reducir el número de las candidaturas; sin embargo, nuestro sistema legal, consciente o involuntariamente, ha establecido más desincentivos que estímulos para constituirlas, por ejemplo, perpetúa su duración en caso de que obtengan representación parlamentaria y no permite su disolución hasta que los parlamentarios electos cesen en su cargo, lo que ocurrirá recién el 28 de julio del 2031 y lo que en la práctica significa que la alianza deberá permanecer unida prácticamente para siempre, pues durante su vigencia se llevarán a cabo las próximas elecciones regionales del 2026, así como la convocatoria e inscripción de candidatos para las futuras elecciones generales que se llevarán a cabo en el 2031 y el ciclo que se repetirá una y otra vez.
La política es demasiado importante para dejarla solamente en manos de los políticos, nos enseñó Charles de Gaulle. En esa línea, Mario Vargas Llosa en “La llamada de la tribu” señaló: “No hay duda, en sociedades tan desiguales como las del tercer mundo los hijos de las familias más prósperas gozan de oportunidades infinitamente mayores que los de las familias pobres para tener éxito en la vida. Por eso la igualdad de oportunidades es un principio profundamente liberal”.
A partir de estas premisas, las elecciones 2026 son una valiosa oportunidad para elegir buenos gobernantes que contribuyan a reducir la brecha de desigualdad de oportunidades que afecta a los jóvenes más vulnerables, que desean lograr éxito en sus vidas. Un primer paso, es reducir los 43 partidos políticos inscritos para dichas elecciones. En este sentido, creemos que una respuesta inmediata tiene que ver con el fortalecimiento del sistema de alianzas electorales.
Proponemos brindar incentivos para que los partidos políticos participen en alianzas estableciendo una valla única para ingresar al Parlamento, de solamente 5% de los votos válidos. Además, aumentar a un 5% el total del financiamiento público directo que corresponda a las alianzas que superen la valla electoral. Esto es, adicional al 0,1% de la UIT por cada voto emitido para elegir representantes al Congreso. Financiamiento total distribuido equitativamente entre los integrantes de la alianza. Finalmente, debe mantenerse la obligatoriedad de permanencia de la alianza durante todo el período gubernamental, bajo sanción de pérdida del financiamiento.
Los partidos políticos son instituciones fundamentales para la participación política de la ciudadanía y base del sistema democrático. Finalmente, hasta la libertad económica requiere un sistema de partidos políticos poco fragmentado que haga más fácil el consenso. En suma, necesitamos una respuesta excepcional para esta situación excepcional e insólita en nuestra democracia.

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