La Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático Amazónica en Brasil (COP30) me dejó sentimientos encontrados. No hubo acuerdo vinculante para abandonar los combustibles fósiles ni frenar la deforestación. El consenso global se vio cuestionado y algunos líderes no se presentaron.
Sin embargo, en un contexto político desafiante, más de 190 países se unieron para reafirmar sus compromisos de mantener vivo el objetivo de 1,5 grados, impulsar energías limpias y movilizar US$1,3 billones anuales en financiación climática. De los cuales, 120 también presentaron contribuciones nacionalmente determinadas (NDC) actualizadas incrementando la ambición climática. Se adoptó el Mutirão Global –una tarea colectiva que impulsa la cooperación multilateral, 1,5 grados, la financiación y el comercio para la adaptación – consolidando los resultados de una transición justa, la inclusión de los pueblos indígenas y el género en la toma de decisiones.
Así que tengo esperanza, en especial por las oportunidades para el Perú, que presentó nuevas y más ambiciosas NDC y lanzó el Paquete País ante el Forest & Climate Leaders’ Partnership y tuvo eventos junto con el Reino Unido y el BID sobre movilización de financiamiento para los bosques. ¿Y por qué?
Transición energética para el carbono neutralidad. El Perú puede alcanzar esto al 2050 mediante una transición hacia energías renovables. El Plan Nacional de Transición Energética es clave, pero requiere mayor inversión privada para complementar el esfuerzo público. La energía solar en especial representa una oportunidad estratégica, especialmente en la Amazonía, para cerrar brechas energéticas, impulsar la economía y destrabar inversiones.
Movilizando finanzas verdes para los bosques. El Reino Unido ayudó al Perú a lanzar su primer Bono Verde en América Latina, y estamos buscando repetir ese esfuerzo. El Perú también puede desarrollar mercados de carbono de alta integridad basados en ciencia, incluyendo turberas que, aunque cubren solo el 5% del territorio, almacenan más carbono que todo el bosque. Y puede adoptar mecanismos financieros innovadores –como créditos de biodiversidad y bancos de hábitat– que valoricen los 73 millones de hectáreas de bosque amazónico peruano. La clave está en alinear proyectos bancables con inversionistas que vean más valor en conservar que en destruir.
Promoviendo la bioeconomía: valorando la Amazonía y compartiéndola con el mundo. Con alianzas estratégicas que conecten empresas ancla con comunidades nativas, el Perú ya está generando ingresos y bienestar local, priorizando cadenas de valor amazónicas y fomentando inversiones en bioeconomía, respaldadas por bancos multilaterales y fondos internacionales como el Fondo Cali. Con mecanismos claros que atraigan capital privado e innovación, podemos pavimentar un futuro donde la bioeconomía sea el motor del desarrollo amazónico, combinando conservación y prosperidad.
Así que hay mucho por construir. Como Reino Unido, no solo estamos listos para ayudar, sino que ya lo estamos haciendo, a través de:
i) Finanzas verdes: llevando una misión a Londres, centro financiero global, para conectar con inversionistas que apuestan por mantener los bosques en pie en el Perú.
ii) Alianzas estratégicas con la banca multilateral: articulando esfuerzos con el Banco Mundial y el BID para que sus inversiones potencien la acción climática y empoderen a comunidades indígenas, dando la oportunidad al Perú de generar créditos de carbono.
iii) Procesos nacionales estratégicos clave: impulsando la renegociación de la Declaración Conjunta de Intención junto con Noruega y Alemania para frenar la deforestación y lograr el pago por resultados.
iv) Bioeconomía: promoviendo modelos que conectan comunidades amazónicas con grandes empresas mientras empujamos la estrategia nacional de bioeconomía.
COP30 no fue solo una cumbre. Fue un llamado a la acción, un llamado que nos recuerda que solo juntos podemos salvar nuestro planeta. Es un desafío compartido que nos comprometemos a afrontar.
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