Está en boca de todos que la política exterior ha dejado de basarse en normas preestablecidas y reglas multilaterales, para desplegarse sobre la base de la fuerza de cada país, en particular de las grandes potencias mundiales. Más aún, es cierto que, como dice “The New York Times”, “cuando los países poderosos imponen su voluntad cerca de casa, los demás tienden a retroceder”.
¿Quiénes son los primeros y principales perdedores de estos cambios en la relación entre países? Los pequeños o medianos, que no forman parte de alianzas o pactos poderosos y carecen de armas nucleares.
Los países de economía mediana están en dificultades. El caso del Perú es un ejemplo concreto: no forma parte de organizaciones o pactos activos intrarregionales –como fueron la Alianza del Pacífico y otros–; el principal organismo multilateral regional, la OEA, está paralizado; y la principal potencia militar y económica, EE.UU., pretende adquirir un dominio imperial sobre el continente.
En plena campaña electoral previa a las elecciones de abril, ¿cuál será la agenda de Trump en relación con el Perú? Posiblemente, debilitar la presencia de China en el país –en particular, neutralizar el proyecto del puerto de Chancay–, obtener facilidades para una amplia presencia militar y policial especializada proveniente de EE.UU.; arreciar los ataques contra el narcotráfico y obtener máximas facilidades para la explotación de recursos naturales.
El Perú mantiene buenas relaciones con EE.UU. y con China. La solución de controversias al modo del presidente estadounidense, apelando a la amenaza o al uso de la fuerza, puede perjudicarlas gravemente, sobre todo si su régimen intenta desplazar de manera unilateral la presencia de China (34% de las exportaciones peruanas en el 2024).
La tarea del Perú –y el desafío– es mantener sus vínculos positivos con ambas potencias. Esta tarea involucra al gobierno en general y a la cancillería en particular, pero también a sectores de la sociedad.La eventual injerencia del presidente Donald Trump en las elecciones peruanas de abril próximo lo convertiría en un actor político relevante. Será un factor de mayor polarización interna entre los “buenos” y “malos” según su propia y particular película.
Idealmente, al margen de sus grandes o pequeñas diferencias, los candidatos presidenciales tendrían que optar por una política que preserve las relaciones de autonomía establecidas entre el Perú y las dos potencias de hoy. Aunque, ciertamente, sobrarán los que se ilusionen con que con Trump habrá más democracia y crecimiento.
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