Puede sorprender, pero el Perú es el país que muestra más interés en los usos de la inteligencia artificial (IA) aplicables al ámbito laboral. Esa es la conclusión que ofrece un estudio realizado por el portal de empleos Bumeran, según el cual un 57% de las personas trabajadoras del país utiliza IA en sus tareas cotidianas.
Los resultados de este estudio pueden tener muchas interpretaciones, siendo la más clara para esta columnista que la IA no es percibida como un campo exclusivo de tecnólogos. Es, más bien, una herramienta que les interesa a muchos y que, además, les es útil.
La IA es una herramienta que todos los profesionales pueden integrar en sus disciplinas para mejorar procesos, tomar mejores decisiones y contribuir a proyectos con impacto positivo.
Pero, además, puede ser el disparador para ampliar una trayectoria profesional, y conectar lo que ya sabemos con las nuevas demandas tecnológicas.
Con todo, no se puede negar que habrá algunos grupos de profesionales que sentirán más empinada la subida a la reinvención laboral y, eventualmente, que se vean más perjudicados. De ese universo, de acuerdo con lo que plantean las proyecciones de la OCDE, son las mujeres el grupo más susceptible de perjudicarse. Esto obedece a que, según las proyecciones señaladas, aún es alto el porcentaje de mujeres dedicadas a labores más fácilmente automatizables o sustituidas por la IA.
De ahí que sea necesario empezar a identificar ‘role model’ femeninos que aceleren el cambio de paradigma y que muestren la enorme oportunidad de recreación que la inteligencia artificial nos ofrece a todos.
Pues el impacto de esta tecnología no solo está involucrado con la forma en que trabajamos y nuestra eficiencia, sino también con los modos en que vamos a crear valor y más aún con las maneras en que tendremos que aprender a aprender de nuevo.
No importa si tenemos una trayectoria consolidada o si apenas estamos iniciando el camino laboral. La inteligencia artificial necesita más que habilidades técnicas; requiere competencias humanas que las mujeres aportamos de forma natural: empatía, pensamiento reflexivo, coordinación social y resiliencia, por mencionar algunas.
Estas habilidades serán determinantes para garantizar que la tecnología sirva más allá de las aplicaciones funcionales. Pues, a fin de cuentas, la IA potencia lo que somos los seres humanos, en lo bueno y en lo malo. Nos conviene potenciar más lo que nos hace más humanos.
El 2025 puede ser el año en que más mujeres lideren una adopción genial de la IA. Por eso, conviene preguntarse: ¿qué pasos podemos dar hoy para ocupar esos espacios de liderazgo y marcar la diferencia en un mundo cada vez más desafiante?
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