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Simulacro electoral
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Este domingo 30 de noviembre se celebran en todos los partidos y alianzas que participarán en los comicios del próximo año elecciones internas. En dos casos, los de Renovación Popular y el Partido Aprista Peruano (PAP), se procederá según el criterio de “un militante, un voto” para elegir directamente la plancha presidencial y las listas congresales de la organización. En todos los otros casos, en cambio, lo que elegirán los miembros de los partidos serán más bien delegados que luego, el 7 de diciembre, elegirán a su vez a sus propias fórmulas presidenciales y listas parlamentarias. Se trata ciertamente de dos mecanismos contemplados por la ley electoral vigente, pero eso no quiere decir que la competencia democrática dentro de cada uno de esos conglomerados políticos esté garantizada. Sucede que, en la mayoría de ellos, lo que ha de ocurrir en las fechas señaladas es un mero trámite de resultado previsible. La existencia de listas únicas de aspirantes al Ejecutivo y Legislativo determina, en efecto, que lo que los militantes de los partidos harán en los próximos días será sencillamente consagrar algo que ya ha sido confeccionado previamente por la dirigencia. Las honrosas excepciones a esa figura son las 14 fórmulas presidenciales que competirán directamente el sábado 30 dentro del PAP y las 6 que lo harán el domingo 7 indirectamente dentro de Acción Popular (AP). En el resto de organizaciones y alianzas políticas, las votaciones que tendrán lugar semejarán más bien un simulacro electoral. Y eso es una lástima, porque las auténticas compulsas internas funcionan también como un filtro, pues son los integrantes de cada partido los que mejor conocen las virtudes y defectos de sus correligionarios en pos del poder. Si no hay cómo descartar a los poco recomendables y respaldar a los que inspiran confianza, sin embargo, la concurrencia a las urnas deviene ociosa.
Desde luego, la ceremonia esencialmente protocolar a la que se encamina la mayor parte de partidos no es nueva en nuestra historia política. En honor a la verdad, no es sino la repetición de lo que ha sucedido ocasión tras ocasión cuando se acercan las elecciones generales. Pero es un procedimiento que no nos ha dado buenos resultados y ya se sabe que esperar un cambio mientras se sigue haciendo lo mismo es absurdo.
Si alguien se pregunta por las razones del desapego de la ciudadanía por la democracia y sus instituciones, es evidente que aquí puede encontrar una pista para despejar la incógnita.

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