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Este video es una recreación hecha con IA
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Este video es una recreación hecha con IA

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“Este video es una recreación ficticia realizada con herramientas de IA”. La advertencia aparece al final del clip, en letra sobria, casi tímida. Y, sin embargo, es más elocuente sobre el estado actual de la democracia peruana que muchos discursos de campaña.

La política siempre ha sido narrativa. Afiche, discurso, spot televisivo: cada época ha tenido su tecnología para contar historias. La inteligencia artificial generativa (IAG) amplifica esa tradición. Permite explicar propuestas complejas, traducir planes de gobierno a formatos comprensibles, visualizar escenarios, producir contenidos más claros y accesibles. En países donde la distancia entre la política y la ciudadanía suele ser profunda, esa capacidad de traducción no es menor. Bien utilizada, la IA no reemplaza ideas: las hace legibles.

Sin embargo, su uso puede ser problemático, cuando la herramienta deja de aclarar y empieza a confundir. Hoy ya circulan videos e imágenes donde candidatos aparecen en escenas que nunca ocurrieron, diciendo frases que jamás pronunciaron. No se trata solo de creatividad política, sino de verosimilitud. Entonces, la pregunta es cómo se usa sin degradar el debate público.

Mi respuesta es simple: la IAG es legítima cuando ilumina y problemática cuando engaña. Por eso, desde esta esquina se proponen dos cuestiones básicas. La primera es autorregulación real de partidos, candidatos y asesores. No como un mero gesto sino como estándar operativo, que considere saber cómo se produjo una pieza, con qué herramientas y con qué autorizaciones. Si la política adopta tecnologías avanzadas, debe asumir responsabilidades avanzadas.

La segunda cuestión es una ciudadanía mejor informada. No para convertir a cada elector en experto técnico, sino para fortalecer habilidades básicas de ciudadanía digital: verificar fuentes, contrastar información, entender que lo verosímil no siempre es verdadero. Aquí cobra sentido la idea del hacker cívico: no quién rompe sistemas, sino quién no entrega su juicio al primer contenido convincente que aparece en su pantalla.

Hay, además, un punto estratégico que los asesores de campaña deberían entender pronto: frente a contracampañas que usarán IA para desacreditar incluso usos legítimos de la IA –incluidos aquellos realizados con autorización expresa del candidato– la mejor defensa es la transparencia. Decirlo. Etiquetarlo. Declarar la asistencia de IA en la creación del contenido, no como disculpa, sino como principio. Esa frase –“Este video es una recreación hecha con IA”– no debilita el mensaje: lo fortalece, porque devuelve al ciudadano el contexto necesario para decidir.

Si la campaña 2026 se va a disputar también en el terreno de lo sintético, más nos vale llegar con criterio, contexto y una saludable duda democrática. La IA puede ayudarnos a contar mejor nuestras ideas. Pero la democracia, incluso en tiempos algorítmicos, sigue dependiendo de algo muy humano: ciudadanos –digitales– capaces de distinguir una recreación de la realidad.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Maite Vizcarra es Tecnóloga, @Techtulia

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