Para la sociología (“La teoría de la generación” de Karl Mannheim), una generación es una cohorte (grupo de edad) que comparte características similares en términos de ideología, tecnología, jerga y manifestaciones culturales que la distingue de los demás grupos de edad y que son producto de procesos sociohistóricos particulares.
En los últimos años, sin embargo, se ha abusado del término y parece más ser un nicho de mercado y no un fenómeno histórico, un conjunto de estereotipos que no dejan rastro. ¿La generación Z será capaz de redefinir la sociedad peruana, especialmente su política? ¿Es equivalente a la generación de los 60? En las últimas manifestaciones se habla de la generación Z y cómo va a rescatar al país del vacío y espanto político. Yo, sin embargo, no soy tan optimista.
Es muy diferente en términos sociológicos ser una generación producto de una coyuntura, que ser una generación que surge de una estructura. Cuando hablamos de los años 60, hacemos referencia a una generación producto de una estructura social política y económica que estaba en cambio y que se reflejaba en una generación rebelde. Gracias a sus movilizaciones, logra grandes cambios en varias sociedades. Cambios que todavía siguen vigentes a pesar de los ataques de las fuerzas conservadoras.
Una generación de coyuntura es, más bien, una respuesta breve a una situación que se ha convertido intolerable (el atentado al grupo Armonía 10, por ejemplo). Otra generación de coyuntura, por ejemplo, fue la generación “bicentenario”, que logró deponer a Manuel Merino como presidente. Después de este cometido, desapareció sin dejar mayor rastro.
No resto mérito alguno a los miles de jóvenes y compatriotas que han salido para protestar contra la lacra política que nos gobierna. Nos han dado esperanzas en tiempos desoladores. Pero sí es necesario insistir que si la protesta no se combina con la organización y cambios efectivos en individuos e instituciones, no dejará mayor huella.
La generación bicentenaria y la generación de los zetas, ambas funcionan bajo la coyuntura de los 87 votos. Los dos Pedros (PPK y Castillo) nos enseñaron que el sistema se mueve alrededor de conseguir o impedir los votos necesarios para una vacancia. Ello implica un Ejecutivo débil y un Parlamento de componendas. Y las nuevas elecciones no cambian este aspecto. Más aún cuando las fuerzas políticas se encuentran tan dispersas y polarizadas.
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