El actual proceso electoral vuelve a colocar sobre la mesa los grandes problemas estructurales del país. Seguridad, economía y empleo dominarán los discursos. Sin embargo, hay un tema que, pese a su impacto directo en la vida cotidiana y en la productividad nacional, sigue relegado a menciones generales: la salud. Y esta omisión no es menor. El próximo gobierno heredará un sistema fragmentado, sin inversión suficiente y con profundas brechas que ya no admiten diagnósticos repetidos, sino decisiones concretas.
El Perú destina cerca del 6% de su PBI a la salud, muy por debajo del 9% que recomiendan los estándares OCDE. Esta brecha no es solo una cifra macroeconómica: se traduce en brechas de ejecución con establecimientos de salud con deficiencias, escasez de medicamentos, personal de la salud con necesidades y pacientes que deben navegar un sistema que no los acompaña. La desigualdad territorial agrava el problema: el acceso y la calidad son más difíciles según la distancia con la capital.
Es importante que quede claro en el debate electoral que la salud debe entenderse como una inversión y no como un gasto. La evidencia confirma que una buena atención en salud puede generar un retorno a la sociedad de más del 300%.
Hay casos de especial atención, como el cáncer, uno de los principales desafíos de la salud pública en el Perú. Según Globocan, cada año se diagnostican más de 69.000 nuevos casos y alrededor de 35.000 personas fallecen, en un contexto en el que más del 56% de diagnósticos se realiza en etapas avanzadas, limitando los resultados clínicos y elevando los costos para el sistema y las familias.
Aunque instituciones como el INEN y la red pública han incrementado significativamente el número de atenciones oncológicas, persisten brechas profundas entre regiones y subsistemas de salud, lo que demuestra que un mayor volumen de servicios o de gasto no se traduce en mejores resultados. El verdadero desafío es avanzar hacia una atención oncológica de alto valor, en la que las decisiones de política pública se orienten por indicadores medibles, tiempos de inicio de tratamiento, porcentaje de pacientes que acceden a terapias innovadoras, impacto presupuestal y resultados en salud que permitan priorizar mejor la inversión, reducir inequidades y asegurar que la innovación llegue de forma oportuna y sostenible a quienes más la necesitan.
La campaña ofrece una oportunidad única: pasar del diagnóstico reiterado a compromisos verificables. Los partidos no pueden limitarse a promesas genéricas ni a anuncios aislados. La salud requiere una agenda clara, técnica y sostenible para el quinquenio que viene.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.